Según nuestro momento vital, pueden aparecer diferentes sintomatologías:
En la infancia
Durante la infancia se gestan los principales cimientos de
nuestro psiquismo. Mucho de lo que somos se estableció en ese período delicado
y singular donde las carencias y dificultades determinarán en mayor o menor
medida cómo seremos de adultos.
Los niños absorben rápidamente todo lo que sucede en el
entorno familiar, el cómo esto les afecta lo manifiestan en forma de síntomas
o malestares. Estos síntomas se pueden atender, comprender y resolver.
Podemos citar entre otros:
- Dificultades escolares y de aprendizaje
- Enuresis y encopresis
- Dificultades para relacionarse, timidez, agresividad
- Niños diagnosticados con hiperactividad, TDA
- Dificultades del sueño, pesadillas
- Dificultades en el habla, trastornos del lenguaje
- Problemáticas en torno a la comida
- Miedos y fobias
- Dolores diversos e insistentes sin causa orgánica
En la adolescencia
La adolescencia es una etapa conflictiva de transición entre
la infancia y la vida adulta. Es el momento de importantes elecciones que nos
situarán en nuestra vida futura.
A esto se le añade todo el despliegue hormonal y el despertar
de la sexualidad que pueden desembocar en momentos de crisis importantes.
Durante la adolescencia las dificultades de comunicación
entre padres e hijos generan conflictos en cada uno y en la dinámica familiar.
Tanto los padres como el propio adolescente necesitan un sitio donde resolver
el sinnúmero de interrogantes que el día a día les va presentando.
Algunos síntomas propios de esta etapa son:
- Agresividad, violencia
- Trastornos de la alimentación: anorexias, bulimias, obesidad
- Adicciones: abuso de alcohol, drogas, a las nuevas tecnologías
- Fracaso escolar
- Dificultades de relación, timidez excesiva, aislamiento
- Ansiedad
- Trastornos psicosomáticos
- Depresión
En los adultos
En la edad adulta son muchos los factores que pueden
desequilibrar a la persona generando múltiples síntomas; las pérdidas afectivas,
los cambios de trabajo, de profesión, el stress de las responsabilidades, los hijos,
las enfermedades, las dificultades económicas... y tantos otros, son obstáculos que se
pueden presentar sin que la persona sepa cómo resolverlos.
Algunos síntomas propios de esta etapa son:
- Depresión
- Ansiedad, stress, angustia
- Obsesiones
- Fobias, miedos, inseguridad
- Conflictos familiares
- Timidez, aislamiento, dificultad para relacionarse con los otros
- Adicciones: alcoholismo, drogadicción, ludopatía…
- Baja autoestima
- Dificultades sexuales: inhibición, falta de deseo sexual, impotencia …
- Problemas de pareja, celos
- Trastornos en la menopausia
- Trastornos psicosomáticos
- Duelos por pérdida o separación de un ser querido
- Cambios de trabajo, de profesión y stress de la vida profesional