Psicología y el mundo interior.

Psicologos en Madrid. Psicología y el mundo interior. - Psicoanalista en Madrid | Mila Ruiz Para dar noticia de una coexistencia compleja no tenemos otro camino que describirla en sucesión, y por eso todas nuestras exposiciones pecan al comienzo de simplificación unilateral y esperan ser completadas, que se corone su edificio y, así, se las rectifique. La representación de un yo que media entre ello y mundo exterior, que asume las exigencias pulsionales de aquel para conducirlas a su satisfacción y lleva a cabo percepciones en este, valorizándolas como recuerdos; que, preocupado por su autoconservación, se pone en guardia frente a exhortaciones hipertróficas de ambos lados, al tiempo que es guiado, en todas sus decisiones, por las indicaciones de un principio de placer modificado: esta representación, digo, en verdad sólo es válida para el yo hasta el final del primer período de la infancia (cerca de los cinco años). Hacia esa época se ha consumado una importante alteración. Un fragmento del mundo exterior ha sido resignado como objeto, al menos parcialmente, y a cambio (por identificación) fue acogido en el interior del yo, o sea, ha devenido un ingrediente del mundo interior.

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Interpretación de los sueños 2ª parte.

Interpretación de los sueñosPor el estudio del trabajo del sueño hemos tomado noticia de muchas otras particularidades,
tan asombrosas como importantes, de los procesos que ocurren en el interior de lo inconciente.
Aquí hemos de mencionar sólo algunas. Las reglas decisorias de la lógica no tienen validez
alguna en lo inconciente; se puede decir que es el reino de la alógica. Aspiraciones de metas
contrapuestas coexisten lado a lado en lo inconciente sin mover a necesidad alguna de
compensarlas. O bien no se influyen para nada entre si, o, si ello ocurre, no se produce
ninguna decisión, sino un compromiso que se vuelve disparatado por incluir juntos unos
elementos inconciliables. Con esto se relaciona que los opuestos no se separen, sino que sean
tratados como idénticos, de suerte que en el sueño manifiesto cada elemento puede significar
también su contrario. Algunos lingüistas han discernido que en las lenguas más antiguas
sucedía lo mismo, y opuestos como fuerte-débil, claro-oscuro, alto-profundo se expresaban
originariamente por medio de una misma raíz, hasta que dos diversas modificaciones de la
palabra primordial separaron entre sí ambos significados. Restos del doble sentido originario
se conservarían en una lengua tan evolucionada como el latín, en el uso de «altus» («alto» y
«profundo»), «sacer» («sagrado» e «impío»), etc. (ver nota(19)).
En vista de la complicación y la multivocidad {Vieldeutigkeit; «indicación múltiple»} de los
vínculos entre el sueño manifiesto y el contenido latente, que tras aquel yace, es desde luego
legítimo preguntar por el camino siguiendo el cual se consigue derivar lo uno de lo otro, y si
para esto sólo dependemos de la suerte que tengamos en colegirlo, apoyándonos acaso en la
traducción de los símbolos que aparecen en el sueño manifiesto. Se está autorizado a informar
lo siguiente: En la gran mayoría de los casos esa tarea admite solución satisfactoria, pero ello
sólo con ayuda de las asociaciones que el soñante mismo brinde para los elementos del
contenido manifiesto. Cualquier otro procedimiento será arbitrario y no proporcionará seguridad
alguna. Pues bien, las asociaciones del soñante traen a la luz los eslabones intermedios que
insertamos en las lagunas entre ambos [el contenido manifiesto y el latente] y con cuyo auxilio
restablecemos el contenido latente del sueño, podemos «interpretar» el sueño. No es
asombroso que en ocasiones este trabajo de interpretación, contrapuesto al trabajo del sueño,
no alcance la certeza plena.
Nos queda todavía por dar el esclarecimiento dinámico de la razón por la cual el yo durmiente
asume la tarea del trabajo del sueño. Por suerte, es fácil descubrirlo. Todo sueño en tren de
formación eleva al yo, con el auxilio de lo inconciente, una demanda de satisfacer una pulsión,
si proviene del ello; de solucionar un conflicto, cancelar una duda, establecer un designio, si
proviene de un resto de actividad preconciente en la vida de vigilia. Ahora bien, el yo durmiente
está acomodado para retener con firmeza el deseo de dormir, siente esa demanda como una
perturbación y procura eliminarla. Y el yo lo consigue mediante un acto de aparente
condescendencia, contraponiendo a la demanda, para cancelarla, un cumplimiento de deseo
que es inofensivo bajo esas circunstancias. Esta sustitución de la demanda por un
cumplimiento de deseo constituye la operación esencial del trabajo del sueño. Quizá no
huelgue ilustrar esto con tres ejemplos simples: un sueño de hambre, uno de comodidad y uno
de necesidad sexual. En el soñante, dormido, se anuncia una necesidad de comer, sueña con
un soberbio banquete y sigue durmiendo. Desde luego, tenía la opción entre despertarse para
comer o continuar su dormir. Se decidió por esto último y satisfizo su hambre mediante el
sueño. Al menos por un rato; si el hambre persiste, no tendrá más remedio que despertar. El
otro caso: el soñante (es médico y} debe despertar a fin de encontrarse en la clínica a cierta
hora. Pero sigue durmiendo y sueña que ya está ahí, es verdad que como paciente, y entonces
no necesita abandonar su lecho. O bien por la noche se mueve en él la añoranza de gozar de
un objeto sexual prohibido, la esposa de un amigo. Sueña que mantiene comercio sexual, no
con esa persona, ciertamente, pero sí con otra que lleva igual nombre, por más que esta le
resulta indiferente. O su revuelta se exterioriza en permanecer la amada en total anonimato.
Desde luego que no todos los casos se presentan tan simples; en particular, en los sueños que
parten de restos diurnos no tramitados y no han hecho sino procurarse en el estado del dormir
un refuerzo inconciente, suele no ser fácil poner en descubierto la fuerza pulsional inconciente
y su cumplimiento de deseo, pero es lícito suponer su presencia en todos los casos. La tesis
de que el sueño es un cumplimiento de deseo será recibida con incredulidad si se recuerda
cuántos sueños poseen un contenido directamente penoso o aun hacen que el soñante
despierte presa de angustia, para no hablar de los tantísimos sueños que carecen de un tono
de sentimiento definido. Pero la objeción del sueño de angustia no resiste al análisis. No se
debe olvidar que el sueño es en todos los casos el resultado de un conflicto, una suerte de
formación de compromiso. Lo que para el ello inconciente es una satisfacción puede ser para
el yo, y por eso mismo, ocasión de angustia.
Según ande el trabajo del sueño, unas veces lo inconciente se habrá abierto paso mejor, y
otras el yo se habrá defendido con más energía. Los sueños de angustia son casi siempre
aquellos cuyo contenido ha experimentado la desfiguración mínima. Si la demanda de lo
inconciente se vuelve demasiado grande, a punto tal que el yo durmiente ya no sea capaz de
defenderse de ella con los medios de que dispone, este resignará el deseo de dormir y
regresará a la vida despierta. Se dará razón de todas las experiencias diciendo que el sueño es
siempre un intento de eliminar la perturbación del dormir por medio de un cumplimiento de
deseo; que es, por tanto, el guardián del dormir. Ese intento puede lograrse de manera más o
menos perfecta; también puede fracasar, y entonces el durmiente despierta, en apariencia por
obra de ese mismo sueño. De igual modo, el valiente guardián nocturno cuya misión es velar
por el reposo de la pequeña ciudad no tiene más remedio, en ciertas circunstancias, que armar
alboroto y despertar a los ciudadanos que duermen.
Para concluir estas elucidaciones, asentemos la comunicación que justificará el habernos
demorado tanto en el problema de la interpretación de los sueños. Ha resultado que los
mecanismos inconcientes que hemos discernido merced al estudio del trabajo del sueño, y que
nos explicaron la formación de este, permiten también inteligir las enigmáticas formaciones de
síntoma en virtud de las cuales las neurosis y psicosis reclaman nuestro interés. Una
coincidencia como esta no puede menos que despertar en nosotros grandes esperanzas.

Psicología y Cualidades psíquicas 1º parte

Cualidades psíquicas.

Psicología y Cualidades psíquicasHemos descrito el edificio del aparato psíquico, las energías o fuerzas activas en su interior, y con relación a un  destacado ejemplo estudiamos el modo en que estas energías, principalmente la libido, se organizan en una función fisiológica al servicio de la conservación de la especie. Pero nada de ello subrogaba el carácter enteramente peculiar de lo psíquico, prescindiendo, desde luego, del hecho empírico de que ese aparato y esas energías están en la base de las funciones que llamamos nuestra vida anímica. Ahora pasamos a lo que es característico y único de eso psíquico, y aun, de acuerdo con una muy difundida opinión, coincide con lo psíquico por exclusión de lo otro. El punto de partida para esta indagación lo da el hecho de la conciencia, hecho sin parangón, que desafía todo intento de explicarlo y describirlo. Y, sin embargo, sí uno habla de conciencia, sabe de manera inmediata y por su experiencia personal más genuina lo que se mienta con ello . Muchos, situados tanto dentro de la ciencia como fuera de ella, se conforman con adoptar el supuesto de que la conciencia es, sólo ella, lo psíquico, y entonces en la psicología no resta por hacer más que distinguir en el interior de la fenomenología psíquica entre percepciones, sentimientos, procesos cognitivos y actos de voluntad.

Ahora bien, hay general acuerdo en que estos procesos concientes no forman unas series sin lagunas, cerradas en sí mismas, de suerte que no habría otro expediente que adoptar el supuesto de unos procesos físicos o somáticos concomitantes de lo psíquico, a los que parece

preciso atribuir una perfección mayor que a las series psíquicas, pues algunos de ellos tienen
procesos concientes paralelos y otros no. Esto sugiere de una manera natural poner el acento,
en psicología, sobre estos procesos somáticos, reconocer en ellos lo psíquico genuino y buscar
una apreciación diversa para los procesos concientes. Ahora bien, la mayoría de los filósofos, y
muchos otros aún, se revuelven contra esto y declaran que algo psíquico inconciente sería un
contrasentido.
Sin embargo, tal es la argumentación que el psicoanálisis se ve obligado a adoptar, y este es
su segundo supuesto fundamental [cf. AE, 23, pág. 143]. Declara que esos procesos
concomitantes presuntamente somáticos son lo psíquico genuino, y para hacerlo prescinde al
comienzo de la cualidad de la conciencia. Y no está solo en esto. Muchos pensadores, por
ejemplo Theodor Lipps(14), han formulado lo mismo con iguales palabras, y el universal
descontento con la concepción usual de lo psíquico ha traído por consecuencia que algún
concepto de lo inconciente demandara, con urgencia cada vez mayor, ser acogido en el pensar
psicológico, sí bien lo consiguió de un modo tan impreciso e inasible que no pudo cobrar influjo
alguno sobre la ciencia (ver nota(15)).
No obstante que en esta diferencia entre el psicoanálisis y la filosofía pareciera tratarse sólo de
un desdeñable problema de definición sobre si el nombre de «psíquico» ha de darse a esto o a
estotro, en realidad ese paso ha cobrado una significatividad enorme. Mientras que la
psicología de la conciencia nunca salió de aquellas series lagunosas, que evidentemente
dependen de otra cosa, la concepción según la cual lo psíquico es en sí inconciente permite
configurar la psicología como una ciencia natural entre las otras. Los procesos de que se
ocupa son en sí tan indiscernibles como los de otras ciencias, químicas o físicas, pero es
posible establecer las leyes a que obedecen, perseguir sus vínculos recíprocos y sus
relaciones de dependencia sin dejar lagunas por largos trechos -o sea, lo que se designa como
entendimiento del ámbito de fenómenos naturales en cuestión-. 

Para ello, no puede prescindir de nuevos supuestos ni de la creación de conceptos nuevos, pero a estos no se los ha de menospreciar como testimonios de nuestra perplejidad, sino que ha de estimárselos como enriquecimientos de la ciencia; poseen títulos para que se les otorgue, en calidad de aproximaciones, el mismo valor que a las correspondientes construcciones intelectuales auxiliares de otras ciencias naturales, y esperan ser modificados, rectificados y recibir una definición más fina mediante una experiencia acumulada y tamizada. Por tanto, concuerda en un todo con nuestra expectativa que los conceptos fundamentales de la nueva ciencia, sus principios (pulsión, energía nerviosa, entre otros), permanezcan durante largo tiempo tan imprecisos como los de las ciencias más antiguas (fuerza, masa, atracción). Todas las ciencias descansan en observaciones y experiencias mediadas por nuestro aparato  ; pero como nuestra ciencia tiene por objeto a ese aparato mismo, cesa la analogía. Hacemos nuestras observaciones por medio de ese mismo aparato de percepción, justamente con ayuda de las lagunas en el interior de lo psíquico, en la medida en que completamos lo faltante a través de unas inferencias evidentes y lo traducimos a material conciente. De tal suerte, establecemos, por así decir, una serie complementaria conciente de lo psíquico inconciente. Sobre el carácter forzoso de estas inferencias reposa la certeza relativa de nuestra ciencia psíquica. Quien profundice en este trabajo hallará que nuestra técnica resiste cualquier crítica.

En el curso de ese trabajo se nos imponen los distingos que designamos como cualidades
psíquicas. En cuanto a lo que llamamos «conciente», no hace falta que lo caractericemos; es
lo mismo que la conciencia de los filósofos y de la opinión popular. Todo lo otro psíquico es
para nosotros lo «inconciente». Enseguida nos vemos llevados a suponer dentro de eso
inconciente una importante separación. Muchos procesos nos devienen con facilidad
concientes, y si luego no lo son más, pueden devenirlo de nuevo sin dificultad; como se suele
decir, pueden ser reproducidos o recordados. Esto nos avisa que la conciencia en general no
es sino un estado en extremo pasajero. Lo que es conciente, lo es sólo por un momento. Si
nuestras percepciones no corroboran esto, no es más que una contradicción aparente; se debe
a que los estímulos de la percepción pueden durar un tiempo más largo, siendo así posible
repetir la percepción de ellos. Todo este estado de cosas se vuelve más nítido en torno de la
percepción conciente de nuestros procesos cognitivos, que por cierto también perduran, pero
de igual modo pueden discurrir en un instante. Entonces, preferimos llamar «susceptible de
conciencia» o preconciente a todo lo inconciente que se comporta de esa manera -o sea, que
puede trocar con facilidad el estado inconciente por el estado conciente-. La experiencia nos
ha enseñado que difícilmente exista un proceso psíquico, por compleja que sea su naturaleza,
que no pueda permanecer en ocasiones preconciente aunque por regla general se adelante
hasta la conciencia, como lo decimos en nuestra terminología. Otros procesos psíquicos, otros
contenidos, no tienen un acceso tan fácil al devenir-conciente, sino que es preciso inferirlos de
la manera descrita, colegirlos y traducirlos a expresión conciente. Para estos reservamos el
nombre de «lo inconciente genuino».

Psicología y Cualidades psíquicas 2ª parte

Psicología y Cualidades psíquicas

Así pues, hemos atribuido a los procesos psíquicos tres cualidades: ellos son concientes,
preconcientes o inconcientes. La separación entre las tres clases de contenidos que llevan
esas cualidades no es absoluta ni permanente. Lo que es preconciente deviene conciente,
según vemos, sin nuestra colaboración; lo inconciente puede ser hecho conciente en virtud de
nuestro empeño, a raíz de lo cual es posible que tengamos a menudo la sensación de haber
vencido unas resistencias intensísimas. Cuando emprendemos este intento en otro individuo,
no debemos olvidar que el llenado conciente de sus lagunas perceptivas, la construcción que le
proporcionamos, no significa todavía que hayamos hecho conciente en él mismo el contenido
inconciente en cuestión. Es que este contenido al comienzo está presente en él en una
fijación(16) doble: una vez, dentro de la reconstrucción conciente que ha escuchado, y,
además, en su estado inconciente originario. Luego, nuestro continuado empeño consigue las
más de las veces que eso inconciente le devenga conciente a él mismo, por obra de lo cual las
dos fijaciones pasan a coincidir. La medida de nuestro empeño, según la cual estimamos
nosotros la resistencia al devenir-conciente, es de magnitud variable en cada caso. Por
ejemplo, lo que en el tratamiento analítico es el resultado de nuestro empeño puede acontecer
también de una manera espontánea, un contenido de ordinario inconciente puede mudarse en
uno preconciente y luego devenir conciente, como en vasta escala sucede en estados
psicóticos. De esto inferimos que el mantenimiento de ciertas resistencias internas es una
condición de la normalidad. Un relajamiento así de las resistencias, con el consecuente avance
de un contenido inconciente, se produce de manera regular en el estado del dormir, con lo cual
queda establecida la condición para que se formen sueños. A la inversa, un contenido
preconciente puede ser temporariamente inaccesible, estar bloqueado por resistencias, como
ocurre en el olvido pasajero (escaparse algo de la memoria), o aun cierto pensamiento
preconciente puede ser trasladado temporariamente al estado inconciente, lo que parece ser la
condición del chiste. Veremos que una mudanza hacia atrás como esta, de contenidos (o
procesos) preconcientes al estado inconciente, desempeña un gran papel en la causación de
perturbaciones neuróticas.
Expuesta así, con esa generalidad y simplificación, la doctrina de las tres cualidades de lo
psíquico más parece una fuente de interminables confusiones que un aporte al
esclarecimiento. Pero no se olvide que en verdad no es una teoría, sino una primera rendición
de cuentas sobre los hechos de nuestras observaciones; ella se atiene con la mayor cercanía
posible a esos hechos, y no intenta explicarlos. Y acaso las complicaciones que pone en
descubierto permitan aprehender las particulares dificultades con que tiene que luchar nuestra
investigación. Pero cabe conjeturar que esta doctrina se nos hará más familiar cuando
estudiemos los vínculos que se averiguan entre las cualidades psíquicas y las provincias o
instancias del aparato psíquico, por nosotros supuestas. Es cierto que tampoco estos vínculos
tienen nada de simples.
El devenir-conciente se anuda, sobre todo, a las percepciones que nuestros órganos
sensoriales obtienen del mundo exterior. Para el abordaje tópico, por tanto, es un fenómeno
que sucede en el estrato cortical más exterior del yo. Es cierto que también recibirnos noticias
concientes del interior del cuerpo, los sentimientos, y aun ejercen estos un influjo más
imperioso sobre nuestra vida anímica que las percepciones externas; además, bajo ciertas
circunstancias, también los órganos de los sentidos brindan sentimientos, sensaciones de
dolor, diversas de sus percepciones específicas. Pero dado que estas sensaciones, como se
las llama para distinguirlas de las percepciones concientes, parten también de los órganos
terminales, y a todos estos los concebimos como prolongación, como unos emisarios del
estrato cortical, podemos mantener la afirmación anterior. La única diferencia sería que para
los órganos terminales, en el caso de las sensaciones y sentimientos, el cuerpo mismo
sustituiría al mundo exterior.
Unos procesos concientes en la periferia del yo, e inconciente todo lo otro en el interior del yo:
ese sería el más simple estado de cosas que deberíamos adoptar como supuesto. Acaso sea
la relación que efectivamente exista entre los animales; en el hombre se agrega una
complicación en virtud de la cual también procesos interiores del yo pueden adquirir la cualidad
de la conciencia. Esto es obra de la función del lenguaje, que conecta con firmeza los
contenidos del yo con restos mnémicos de las percepciones visuales, pero, en particular, de las
acústicas. A partir de ahí, la periferia percipiente del estrato cortical puede ser excitada desde
adentro en un radio mucho mayor, pueden devenir concientes procesos internos, así como
decursos de representación y procesos cognitivos, y es menester un dispositivo particular que
diferencie entre ambas posibilidades, el llamado examen de realidad: La equiparación
percepción = realidad objetiva (mundo exterior) se ha vuelto cuestionable. Errores que ahora
se producen con facilidad, y de manera regular en el sueño, reciben el nombre de
alucinaciones.
El interior del yo, que abarca sobre todo los procesos cognitivos, tiene la cualidad de lo
preconciente. Esta cualidad es característica del yo, le corresponde sólo a él. Sin embargo, no
sería correcto hacer de la conexión con los restos mnémicos del lenguaje la condición del
estado preconciente; antes bien, este es independiente de aquella, aunque la presencia de esa
conexión permite inferir con certeza la naturaleza preconciente del proceso. No obstante, el
estado preconciente, singularizado por una parte en virtud de su acceso a la conciencia y, por
la otra, merced a su enlace con los restos de lenguaje, es algo particular, cuya naturaleza
estos dos caracteres no agotan. La prueba de ello es que grandes sectores del yo, sobre todo
del superyó -al cual no se le puede cuestionar el carácter de lo preconciente-, las más de las
veces permanecen inconcientes en el sentido fenomenológico. No sabemos por qué es preciso
que sea así. Más adelante intentaremos abordar el problema de averiguar la efectiva
naturaleza de lo preconciente.
Lo inconciente es la cualidad que gobierna de manera exclusiva en el interior del ello. Ello e
inconciente se co-pertenecen de manera tan íntima como yo y preconciente, y aun la relación
es en el primer caso más excluyente aún. Una visión retrospectiva sobre la historia de
desarrollo de la persona y su aparato psíquico nos permite comprobar un sustantivo distingo en
el interior del ello. Sin duda que en el origen todo era ello; el yo se ha desarrollado por el
continuado influjo del mundo exterior sobre el ello. Durante ese largo desarrollo, ciertos
contenidos del ello se mudaron al estado preconciente y así fueron recogidos en el yo. Otros
permanecieron inmutados dentro del ello como su núcleo, de difícil acceso. Pero en el curso de
ese desarrollo, el yo joven y endeble devuelve hacia atrás, hacia el estado inconciente, ciertos
contenidos que ya había acogido, los abandona, y frente a muchas impresiones nuevas que
habría podido recoger se comporta de igual modo, de suerte que estas, rechazadas, sólo
podrían dejar como secuela una huella en el ello. A este último sector del ello lo llamamos, por
miramiento a su génesis, lo reprimido (esforzado al desalojo}. Importa poco que no siempre
podamos distinguir de manera tajante entre estas dos categorías en el interior del ello.
Coinciden, aproximadamente, con la separación entre lo congénito originario y lo adquirido en
el curso del desarrollo yoico.
Ahora bien, si nos hemos decidido a la descomposición tópica del aparato psíquico en yo y
ello, con la cual corre paralelo el distingo de la cualidad de preconciente e inconciente, y hemos
considerado esta cualidad sólo como un indicio del distingo, no como su esencia, ¿en qué
consiste la naturaleza genuina del estado que se denuncia en el interior del ello por la cualidad
de lo inconciente, y en el interior del yo por la de lo preconciente, y en qué consiste el distingo
entre ambos?
Pues bien; sobre eso nada sabemos, y desde el trasfondo de esta ignorancia, envuelto en
profundas tinieblas, nuestras escasas intelecciones se recortan harto mezquinas. Nos hemos
aproximado aquí al secreto de lo psíquico, en verdad todavía no revelado. Suponemos, según
estamos habituados a hacerlo por otras ciencias naturales, que en la vida anímica actúa una
clase de energía, pero nos falta cualquier asidero para acercarnos a su conocimiento por
analogía con otras formas de energía. Creemos discernir que la energía nerviosa o psíquica se
presenta en dos formas, una livianamente móvil y una más bien ligada; hablamos de
investiduras y sobreinvestiduras de los contenidos, y aun aventuramos la conjetura de que una
«sobreinvestidura» establece una suerte de síntesis de diversos procesos, en virtud de la cual
la energía libre es traspuesta en energía ligada. Si bien no hemos avanzado más allá de ese
punto, sostenemos la opinión de que el distingo entre estado inconciente y preconciente se
sitúa en constelaciones dinámicas de esa índole, lo cual permitiría entender que uno de ellos
pueda ser trasportado al otro de manera espontánea o mediante nuestra colaboración.
Tras todas estas incertidumbres se asienta, empero, un hecho nuevo cuyo descubrimiento
debemos a la investigación psicoanalítica. Hemos averiguado que los procesos de lo
inconciente o del ello obedecen a leyes diversas que los producidos en el interior del yo
preconciente. A esas leyes, en su totalidad, las llamamos proceso primario, por oposición al
proceso secundario que regula los decursos en lo preconciente, en el yo. De este modo, pues,
el estudio de las cualidades psíquicas no se habría revelado infecundo a la postre.

Areas de aplicación de los test psicológicos. Psicologos Madrid.

El uso de test para la evaluación puede ser de diversos tipos, así encontramos que existen test meramente clínicos, así como otros que si bien pueden ser usados clínicamente también se aplican en otros contextos psicológicos, como la selección de personal, la orientación vocacional y la investigación pura y aplicada, así la evaluación psicológica por medio de test no se limita a la corrección impersonal de los resultados, sino que exige del psicólogo una debida integración de todos sus conocimientos y una suficiente aptitud y actitud profesional para elaborar a partir de los resultados un perfil válido, sustentable y coherente con respecto al funcionamiento de una persona en determinada área, así cómo sacar el mayor provecho posible de cada prueba para realizar de forma eficaz y eficiente la labor que es de su competencia.

Dentro de las áreas a

  • Psicología clínica: quizás la más popularmente relacionada con el uso de tests, ya sea para la práctica privada o institucional, los tests le permiten al clínico tener una mayor cantidad de información del individuo en un menor tiempo así como acceder a elementos difícilmente alcanzables por otros métodos, así como también proporcionan un paneo con respecto a la forma de funcionamiento predominante en el paciente en determinadas áreas lo que cotribuye tanto al proceso de diagnóstico y despistaje, como al momento de planificar determinada intervención, remisión a otros profesionales o incluso al inicio de un proceso de psicoterapia.
  • Psicología educativa y orientación vocacional: en esta área permite evaluar de una forma estandarizada, relativamente sencilla y muy enriquecedora, los procesos de niños, adolescentes o adultos relacionados con el aprendizaje y las posibles dificultades que se puedan presentar en éste, también es fundamental en las asesorías de elección vocacional, pues permiten visualizar las capacidades, aptitudes y preferencias que la persona posee pero que realmente no es capaz aún de identificar y de eleborar por sí mismo.
  • Psicología organizacional y laboral: al igual que en las áreas anteriores, permite acceder a una gran cantidad de información en un tiempo mínimo, permite despistar trastornos mentales mayores, identificar actitudes, potencialidades y debilidades y aplicar este perfil en el proceso de selección de personal para un cargo determinado.

Clasificación por niveles de los test Psicológicos. Psicologa Arturo Soria Madrid

Clasificación por niveles de los test Psicológicos. Psicologa

Tradicionalmente el uso de los test está reservado para los psicólogos, y la mayoría de las legislaciones nacionales e internacionales con respecto al ejercicio de la Psicología lo contemplan de esta manera, no obstante existe una clasificación dirigida a regular este particular:

  • Tests de Nivel I: pueden ser aplicados, corregidos y administrados por profesionales no psicólogos luego del entrenamiento debido por parte de un psicólogo (educadores, psicopedagogos, médicos, etc.), quizás el exponente más obvio de los Test Nivel I son las pruebas y exámenes de evaluación de conocimientos y de selección e ingreso a instituciones educativas.
  • Tests de Nivel II: pueden ser aplicados por profesionales no psicólogos pero su corrección e interpretación debe ser realizada por un psicólogo, como por ejemplo los dibujos de la figura humana, de la familia que realizan los niños en su cotidianidad dentro de la escuela.
  • Test de Nivel III: son de la exclusiva administración, corrección e interpretación de un psicólogo capacitado, suelen ser los test más relevantes y complejos de su área así cómo los de más difícil interpretación y análisis, entre ellos se encuentran las Escalas de Wechsler (WAIS, WISC y WPPSI), el Test de Bender, el MMPI 2 y A, el T.A.T., el Rorschach y las baterías neuropsicológicas (Luria, Halstead-Reitan, K-ABC, etc.)

Psicología ( Reflexología y Conductismo) Psicologa en Madrid.

  • La reflexología es más que una psicología, una fisiología, porque reduce toda la conducta a algo puramente orgánico.
  • Es atomista, ya que no trata los procesos de totalidad sino elementos más simples de la conducta.
  • Mecanicista, porque concibe el organismo como una máquina.
  • Materialista, porque no admite lo espiritual, las principales aportaciones de esta escuela se refieren al ámbito del aprendizaje, y la crítica fundamental que se le hace es la que trata de interpretar a toda la conducta según los esquemas de los reflejos, es decir, mecánicamente.

CONDUCTISMO O BENAVORISMO: (WATSON. 1878-1953)

La posición original de Watson puede resumirse así: la psicología tal como la ve el conductista es una rama puramente objetiva y experimental de la ciencia natural. Su meta teórica es la predicción y el control de la conducta.

La introspección no constituye uno de los métodos en sus esfuerzos por obtener un esquema unitario de la conducta animal. El conductismo no reconoce ninguna línea divisoria entre el hombre y el animal. La psicología descarta toda referencia a la conciencia ya que su objeto son los aspectos observables de la conducta. E _O_R.

Para Watson la psicología es la parte de la ciencia natural cuyo objeto de estudio es la conducta humana, es decir, las acciones y verbalizaciones, tanto aprendidas como no aprendidas de las personas. No es necesario hacer ninguna referencia a los estados mentales (vida psíquica) o a la ciencia, ya que estas para Watson son puros supuestos.

El conductismo de Watson tenía dos objetivos específicos:

  • Predecir la respuesta conociendo el estímulo.
  • Predecir el estímulo conociendo la respuesta.

La resistencia y la transferencia. Psicoanalista y Psicologa.

 Uno de los temas centrales que se fue configurando en el trabajo psicoanalítico fue el de la “resistencia”. El paciente se resistía a hacer consciente lo inconsciente. La elaboración de estas resistencias pasó cada vez a ser más importante en la clínica psicoanalítica. Otra idea fundamental fue la de la “transferencia” que venía a indicar cómo el paciente actualizaba determinados prototipos de relaciones pasadas (básicamente relaciones familiares) en la figura del terapeuta, lo que vendría a decir que se transferían vivencias efectivas y pautas de conducta del cliente sobre el terapeuta (para Freud, el sujeto transfería para no recordar, por lo que la transferencia se convertía en una resistencia, pero al mismo tiempo permitía la actualización del material inconsciente y por tanto se convertía en un requisito básico para el análisis).

ESCUCHAR AL NIÑO DISMINUYE LA “DIFICULTAD SOCIAL”

Desde Centros Educativos y Sociales, Fundaciones de “atención” (pero sin escuchar) a la infancia son derivados menores, bajo la etiqueta de niños“en dificultad social” que al demandar respuesta de por qué acuden al centro, se les dice que porque quieren, pues no podría ser de otra manera.

Esto extraña demasiado a algunos, siendo de lo más laborioso el que participen en actividades de ocio si así quieren, pues a la infancia al igual que los adultos, tras vernos sometidos desde infantes a obligaciones, responder y acatar órdenes, le cuesta hacer algo porque quiera y disfrutar, para lo que habría de educarse en ir conociendo su deseo.

Desafortunadamente, si al niño o adolescente no se le ordena u obliga desde un lugar en que colocan una institución, se descoloca, le cuesta participar y valorar actividades que no tenga la obligación de realizar, siendo así en su mundo y sociedad.

La moda de ordenar, someter y “Tener que”, aunque no sea la adecuada es lo que siempre se ha llevado y a lo que estamos acostumbrados, ¿cómo no así a nuestra infancia? Es todo un trabajo pensar, no someterse ni participar activamente de la repetición.

Partiendo de su motivación y demanda de qué hacer, antes o después surge espontáneamente el querer hacer, que se acompaña y refuerza con el amor de trasferencia.

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Psicología creativa y la creatividad en el psicoanalisis. (2 parte)

División del proceso en 4 niveles: (Dr. Wallis)

  • Preparación: es el momento en que en que se juntan los datos y las imágenes que potencialmente podrían ser utilizadas son archivadas, el estado de animo es de excitación y perplejidad
  • Incubación: se suele liberar el manejo consciente del problema y se puede llevar la atención en otra dirección. Pueden aparecer destellos de la respuesta que estamos buscando.
  • Iluminación: aparece la solución del problema, inspiración de una manera inesperada, estado de animo sorpresa y alegría, es el momento del descubrimiento.
  • Verificación o resolución: las imágenes o ideas adquieren formas y se constata su eficacia.

Situacion Creativa

Ideas Previas Producto Creativo

Habilidades Proceso Creativo Receptor

Propósito Producto No Creativo Continue reading