Psicoanalista y personalidades teatrales.

Las personas con personalidad teatral

Psicoanalista y personalidades teatrales.

Las personas con carácter y personalidad teatral son individuos emotivos y sociables, se dejan llevar por sus sensaciones y suelen ser gente efusiva y cariñosa incluso cambiar de ánimo con facilidad. Las personas con este tipo de personalidad también suelen ser espontáneos, impulsivos y sueles animar y entretener a la gente en reuniones. Suelen intentar ser el centro de atención como si en un escenario estuviesen.  Les encantan ser halagados, vitoreados y recibir cumplidos. Suelen preocuparse por su apariencia física y son seductores aunque sin ser narcisistas. Son propensos al melodrama y los chismes y todo lo hacen con pasión. Demuestran sus sentimientos abiertamente, tanto positivos como negativos y se emocionan con facilidad.

Las personas con un carácter teatral demasiado pronunciado suele ser personas que pecan de egocentricas y obstinadas e intentan ser tanto el centro de atención que se pueden volver superficiales y tener reacciones efusivas inadecuadas haciendo que puedan caer en un trastorno histriónico de personalidad.

Arteterapia el proceso creativo.

Arteterapia proceso creativo“El arteterapia es un acompañamiento de personas en dificultad (psicológica, física, social o existencial) a través de sus producciones artísticas, obras plásticas, sonoras, teatrales, literarias,corporales y bailadas. Es un trabajo sutil que toma nuestras vulnerabilidades como material ybusca menos el desvelar las significaciones inconscientes de las producciones que permitir alsujeto re-crearse a sí mismo, crearse de nuevo en un recorrido simbólico de creación en crea-ción. El arteterapia es también el arte de proyectarse en una obra como mensaje enigmático enmovimiento y de trabajar sobre esta obra para trabajar sobre sí mismo.Las intervenciones de artistas, de cuidadores, trabajadores sociales y educadores formados enarte-terápia se extienden en lo sucesivo al campo social y pedagógico y permiten tratar el pro-blema de la violencia contemporánea. El arteterapéuta trabaja en el medio institucional, en eldesarrollo personal, como profesional liberal o asociado, en sesión individual o en grupo.El arteterapia es una simbolización acompañada. Continue reading

Psicología y el mundo interior.

Psicologos en Madrid. Psicología y el mundo interior. - Psicoanalista en Madrid | Mila Ruiz Para dar noticia de una coexistencia compleja no tenemos otro camino que describirla en sucesión, y por eso todas nuestras exposiciones pecan al comienzo de simplificación unilateral y esperan ser completadas, que se corone su edificio y, así, se las rectifique. La representación de un yo que media entre ello y mundo exterior, que asume las exigencias pulsionales de aquel para conducirlas a su satisfacción y lleva a cabo percepciones en este, valorizándolas como recuerdos; que, preocupado por su autoconservación, se pone en guardia frente a exhortaciones hipertróficas de ambos lados, al tiempo que es guiado, en todas sus decisiones, por las indicaciones de un principio de placer modificado: esta representación, digo, en verdad sólo es válida para el yo hasta el final del primer período de la infancia (cerca de los cinco años). Hacia esa época se ha consumado una importante alteración. Un fragmento del mundo exterior ha sido resignado como objeto, al menos parcialmente, y a cambio (por identificación) fue acogido en el interior del yo, o sea, ha devenido un ingrediente del mundo interior.

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Interpretación de los sueños 2ª parte.

Interpretación de los sueñosPor el estudio del trabajo del sueño hemos tomado noticia de muchas otras particularidades,
tan asombrosas como importantes, de los procesos que ocurren en el interior de lo inconciente.
Aquí hemos de mencionar sólo algunas. Las reglas decisorias de la lógica no tienen validez
alguna en lo inconciente; se puede decir que es el reino de la alógica. Aspiraciones de metas
contrapuestas coexisten lado a lado en lo inconciente sin mover a necesidad alguna de
compensarlas. O bien no se influyen para nada entre si, o, si ello ocurre, no se produce
ninguna decisión, sino un compromiso que se vuelve disparatado por incluir juntos unos
elementos inconciliables. Con esto se relaciona que los opuestos no se separen, sino que sean
tratados como idénticos, de suerte que en el sueño manifiesto cada elemento puede significar
también su contrario. Algunos lingüistas han discernido que en las lenguas más antiguas
sucedía lo mismo, y opuestos como fuerte-débil, claro-oscuro, alto-profundo se expresaban
originariamente por medio de una misma raíz, hasta que dos diversas modificaciones de la
palabra primordial separaron entre sí ambos significados. Restos del doble sentido originario
se conservarían en una lengua tan evolucionada como el latín, en el uso de «altus» («alto» y
«profundo»), «sacer» («sagrado» e «impío»), etc. (ver nota(19)).
En vista de la complicación y la multivocidad {Vieldeutigkeit; «indicación múltiple»} de los
vínculos entre el sueño manifiesto y el contenido latente, que tras aquel yace, es desde luego
legítimo preguntar por el camino siguiendo el cual se consigue derivar lo uno de lo otro, y si
para esto sólo dependemos de la suerte que tengamos en colegirlo, apoyándonos acaso en la
traducción de los símbolos que aparecen en el sueño manifiesto. Se está autorizado a informar
lo siguiente: En la gran mayoría de los casos esa tarea admite solución satisfactoria, pero ello
sólo con ayuda de las asociaciones que el soñante mismo brinde para los elementos del
contenido manifiesto. Cualquier otro procedimiento será arbitrario y no proporcionará seguridad
alguna. Pues bien, las asociaciones del soñante traen a la luz los eslabones intermedios que
insertamos en las lagunas entre ambos [el contenido manifiesto y el latente] y con cuyo auxilio
restablecemos el contenido latente del sueño, podemos «interpretar» el sueño. No es
asombroso que en ocasiones este trabajo de interpretación, contrapuesto al trabajo del sueño,
no alcance la certeza plena.
Nos queda todavía por dar el esclarecimiento dinámico de la razón por la cual el yo durmiente
asume la tarea del trabajo del sueño. Por suerte, es fácil descubrirlo. Todo sueño en tren de
formación eleva al yo, con el auxilio de lo inconciente, una demanda de satisfacer una pulsión,
si proviene del ello; de solucionar un conflicto, cancelar una duda, establecer un designio, si
proviene de un resto de actividad preconciente en la vida de vigilia. Ahora bien, el yo durmiente
está acomodado para retener con firmeza el deseo de dormir, siente esa demanda como una
perturbación y procura eliminarla. Y el yo lo consigue mediante un acto de aparente
condescendencia, contraponiendo a la demanda, para cancelarla, un cumplimiento de deseo
que es inofensivo bajo esas circunstancias. Esta sustitución de la demanda por un
cumplimiento de deseo constituye la operación esencial del trabajo del sueño. Quizá no
huelgue ilustrar esto con tres ejemplos simples: un sueño de hambre, uno de comodidad y uno
de necesidad sexual. En el soñante, dormido, se anuncia una necesidad de comer, sueña con
un soberbio banquete y sigue durmiendo. Desde luego, tenía la opción entre despertarse para
comer o continuar su dormir. Se decidió por esto último y satisfizo su hambre mediante el
sueño. Al menos por un rato; si el hambre persiste, no tendrá más remedio que despertar. El
otro caso: el soñante (es médico y} debe despertar a fin de encontrarse en la clínica a cierta
hora. Pero sigue durmiendo y sueña que ya está ahí, es verdad que como paciente, y entonces
no necesita abandonar su lecho. O bien por la noche se mueve en él la añoranza de gozar de
un objeto sexual prohibido, la esposa de un amigo. Sueña que mantiene comercio sexual, no
con esa persona, ciertamente, pero sí con otra que lleva igual nombre, por más que esta le
resulta indiferente. O su revuelta se exterioriza en permanecer la amada en total anonimato.
Desde luego que no todos los casos se presentan tan simples; en particular, en los sueños que
parten de restos diurnos no tramitados y no han hecho sino procurarse en el estado del dormir
un refuerzo inconciente, suele no ser fácil poner en descubierto la fuerza pulsional inconciente
y su cumplimiento de deseo, pero es lícito suponer su presencia en todos los casos. La tesis
de que el sueño es un cumplimiento de deseo será recibida con incredulidad si se recuerda
cuántos sueños poseen un contenido directamente penoso o aun hacen que el soñante
despierte presa de angustia, para no hablar de los tantísimos sueños que carecen de un tono
de sentimiento definido. Pero la objeción del sueño de angustia no resiste al análisis. No se
debe olvidar que el sueño es en todos los casos el resultado de un conflicto, una suerte de
formación de compromiso. Lo que para el ello inconciente es una satisfacción puede ser para
el yo, y por eso mismo, ocasión de angustia.
Según ande el trabajo del sueño, unas veces lo inconciente se habrá abierto paso mejor, y
otras el yo se habrá defendido con más energía. Los sueños de angustia son casi siempre
aquellos cuyo contenido ha experimentado la desfiguración mínima. Si la demanda de lo
inconciente se vuelve demasiado grande, a punto tal que el yo durmiente ya no sea capaz de
defenderse de ella con los medios de que dispone, este resignará el deseo de dormir y
regresará a la vida despierta. Se dará razón de todas las experiencias diciendo que el sueño es
siempre un intento de eliminar la perturbación del dormir por medio de un cumplimiento de
deseo; que es, por tanto, el guardián del dormir. Ese intento puede lograrse de manera más o
menos perfecta; también puede fracasar, y entonces el durmiente despierta, en apariencia por
obra de ese mismo sueño. De igual modo, el valiente guardián nocturno cuya misión es velar
por el reposo de la pequeña ciudad no tiene más remedio, en ciertas circunstancias, que armar
alboroto y despertar a los ciudadanos que duermen.
Para concluir estas elucidaciones, asentemos la comunicación que justificará el habernos
demorado tanto en el problema de la interpretación de los sueños. Ha resultado que los
mecanismos inconcientes que hemos discernido merced al estudio del trabajo del sueño, y que
nos explicaron la formación de este, permiten también inteligir las enigmáticas formaciones de
síntoma en virtud de las cuales las neurosis y psicosis reclaman nuestro interés. Una
coincidencia como esta no puede menos que despertar en nosotros grandes esperanzas.

Psicoanalista y la doctrina de pulsiones 2º.

Psicoanalista arturo soriaEn posteriores estados nos resulta relativamente fácil perseguir los destinos de la libido; ello es más difícil respecto de la pulsión de destrucción. Mientras esta última produce efectos en lo interior como pulsión de muerte, permanece muda; sólo comparece ante nosotros cuando es vuelta hacia afuera como pulsión de destrucción. Que esto acontezca parece una necesidad objetiva para la conservación del individuo. El sistema muscular sirve a esta derivación. Con la instalación del superyó, montos considerables de la pulsión de agresión son fijados en el interior del yo y allí ejercen efectos autodestructivos. Es uno de los peligros para su salud que el ser humano toma sobre sí en su camino de desarrollo cultural. Retener la agresión es en general insano, produce un efecto patógeno (mortificación) {Kränkung(7)}. El tránsito de una agresión impedida hacia una destrucción de sí mismo por vuelta de la agresión hacia la persona propia suele ilustrarlo una persona en el ataque de furia, cuando se mesa los cabellos y se golpea el rostro con los puños, en todo lo cual es evidente que ella habría preferido infligir a otro ese tratamiento. Una parte de destrucción de sí permanece en lo interior, sean cuales fueren las circunstancias, hasta que al fin consigue matar al individuo, quizá sólo cuando la libido de este se ha consumido o fijado de una manera desventajosa. Así, se puede conjeturar, en general, que el individuo muere a raíz de sus conflictos internos; la especie, en cambio, se extingue por su infructuosa lucha contra el mundo exterior, cuando este último ha cambiado de una manera tal que no son suficientes las adaptaciones adquiridas por aquella. Es difícil enunciar algo sobre el comportamiento de la libido dentro del ello y dentro del superyó. Todo cuanto sabemos acerca de esto se refiere al yo, en el cual se almacena inicialmente todo el monto disponible de libido. Llamamos narcisismo primario absoluto a ese estado. Dura hasta que el yo empieza a investir con libido las representaciones de objetos, a trasponer libido narcisista en libido de objeto. Durante toda la vida, el yo sigue siendo el gran reservorio desde el cual investiduras libidinales son enviadas a los objetos y al interior del cual se las vuelve a retirar, tal como un cuerpo protoplasmático procede con sus seudópodos. Sólo en el estado de un enamoramiento total se trasfiere sobre el objeto el monto principal de la libido, el objeto se pone {setzen sich} en cierta medida en el lugar del yo. Un carácter de importancia vital es la movilidad de la libido, la presteza con que ella traspasa de un objeto a otro objeto. En oposición a esto se sitúa la fijación de la libido en determinados objetos, que a menudo dura la vida entera. Es innegable que la libido tiene fuentes somáticas, y afluye al yo desde diversos órganos y partes del cuerpo. Esto se ve de la manera más nítida en aquel sector de la libido que de acuerdo con su meta pulsional, se designa «excitación sexual». Entre los lugares del cuerpo de los que parte esa libido, los más destacados se señalan con el nombre de zonas erógenas, pero en verdad el cuerpo íntegro es una zona erógena tal. Lo mejor que sabemos sobre Eros, o sea sobre su exponente, la libido, se adquirió por el estudio de la función sexual, la cual en la concepción corriente -aunque no en nuestra teoría- se superpone con Eros. Pudimos formarnos una imagen del modo en que la aspiración sexual, que está destinada a influir de manera decisiva sobre nuestra vida, se desarrolla poco a poco desde las alternantes contribuciones de varias pulsiones parciales, subrogantes de determinadas zonas erógenas.

Psicoanalisis y doctrina de las pulsiones. 1ª

Doctrina de las pulsiones 

Psicoanalisis y doctrina de las pulsiones. - Psicoanalista enMadridEl poder del ello expresa el genuino propósito vital del individuo. Consiste en satisfacer sus necesidades congénitas. Un propósito de mantenerse con vida y protegerse de peligros mediante la angustia no se puede atribuir al ello. Esa es la tarea del yo, quien también tiene que hallar la manera más favorable y menos peligrosa de satisfacción con miramiento por el mundo exterior. Aunque el superyó pueda imponer necesidades nuevas, su principal operación sigue siendo limitar las satisfacciones. Continue reading

Psicoanalista, La psique y sus operaciones

El aparato psíquico 

Psicologa y Psique en Madrid

El psicoanálisis establece una premisa fundamental cuyo examen queda reservado al pensar filosófico y cuya justificación reside en sus resultados. De lo que llamamos nuestra psique (vida anímica), nos son consabidos dos términos: en primer lugar, el órgano corporal y escenario de ella’ el encéfalo (sistema nervioso) y, por otra parte, nuestros actos de conciencia, que son dados inmediatamente y que ninguna descripción nos podría trasmitir. No nos es consabido, en cambio, lo que haya en medio; no nos es dada una referencia directa entre ambos puntos terminales de nuestro saber. Si ella existiera, a lo sumo brindaría una localización precisa de los procesos de conciencia, sin contribuir en nada a su inteligencia. Nuestros dos supuestos se articulan con estos dos cabos o comienzos de nuestro saber. El primer supuesto atañe a la localización(3). Suponemos que la vida anímica es la función de un aparato al que atribuimos ser extenso en el espacio y estar compuesto por varias piezas; nos lo representamos, pues, semejante a un telescopio, un microscopio, o algo así. Si dejamos de lado cierta aproximación ya ensayada, el despliegue consecuente de esa representación es una novedad científica. Hemos llegado a tomar noticia de este aparato psíquico por el estudio del desarrollo individual del ser humano. Llamamos ello a la más antigua de estas provincias o instancias psíquicas: su contenido es todo lo heredado, lo que se trae con el nacimiento, lo establecido constitucionalmente; en especial, entonces, las pulsiones que provienen de la organización corporal, que aquí [en el ello] encuentran una primera expresión psíquica, cuyas formas son desconocidas {no consabidas} para nosotros (ver nota(4)). Bajo el influjo del mundo exterior real-objetivo que nos circunda, una parte del ello ha experimentado un desarrollo particular; originaría m en te un estrato cortical dotado de los órganos para la recepción de estímulos y de los dispositivos para la protección frente a estos, se ha establecido una organización particular que en lo sucesivo media entre el ello y el mundo exterior. A este distrito de nuestra vida anímica le damos el nombre de yo. Los caracteres principales del yo. A consecuencia del vínculo preformado entre percepción sensorial y acción muscular, el yo dispone respecto de los movimientos voluntarios. Tiene la tarea de la autoconservación, y la cumple tomando hacia afuera noticia de los estímulos, almacenando experiencias sobre ellos (en la memoria), evitando estímulos hiperintensos (mediante la huida), enfrentando estímulos moderados (mediante la adaptación) y, por fin, aprendiendo a alterar el mundo exterior de una manera acorde a fines para su ventaja (actividad); y hacia adentro, hacia el ello, ganando imperio sobre las exigencias pulsionales, decidiendo si debe consentírseles la satisfacción, desplazando esta última a los tiempos y circunstancias favorables en el mundo exterior, o sofocando totalmente sus excitaciones. En su actividad es guiado por las noticias de las tensiones de estímulo presentes o registradas dentro de él: su elevación es sentida en general como un displacer, y su rebajamiento, como placer. No obstante, es probable que lo sentido como placer y displacer no sean las alturas absolutas de esta tensión de estímulo, sino algo en el ritmo de su alteración. El yo aspira al placer, quiere evitar el displacer. Un acrecentamiento esperado, previsto, de displacer es respondido con la señal de angustia; y su ocasión, amenace ella desde afuera o desde adentro, se llama peligro. De tiempo en tiempo, el yo desata su conexión con el mundo exterior y se retira al estado del dormir, en el cual altera considerablemente su organización. Y del estado del dormir cabe inferir que esa organización consiste en una particular distribución de la energía anímica. Como precipitado del largo período de infancia durante el cual el ser humano en crecimiento  vive en dependencia de sus padres, se forma dentro del yo una particular instancia en la que  se prolonga el influjo de estos. Ha recibido el nombre de superyó. En la medida en que este superyó se separa del yo o se contrapone a él, es un tercer poder que el yo se ve precisado a tomar en cuenta. Así las cosas, una acción del yo es correcta cuando cumple al mismo tiempo los requerimientos del ello, del superyó y de la realidad objetiva, vale decir, cuando sabe reconciliar entre sí sus exigencias. Los detalles del vínculo entre yo y superyó se vuelven por completo inteligibles reconduciéndolos a la relación del niño con sus progenitores. Naturalmente, en el influjo de los progenitores no sólo es eficiente la índole personal de estos, sino también el influjo, por ellos propagado, de la tradición de la familia, la raza y el pueblo, así como los requerimientos del medio social respectivo, que ellos subrogan. De igual modo, en el curso del desarrollo individual el superyó recoge aportes de posteriores continuadores y personas sustitutivas de los progenitores, como pedagogos, arquetipos públicos, ideales venerados en la sociedad. Se ve que ello y superyó, a pesar de su diversidad fundamental, muestran una coincidencia en cuanto representan {repräsentieren} los influjos del pasado: el ello, los del pasado heredado; el superyó, en lo esencial, los del pasado asumido por otros. En tanto, el yo está comandado principalmente por lo que uno mismo ha vivenciado, vale decir, lo accidental y actual. Este esquema general del aparato psíquico habrá de considerarse válido también para los animales superiores, semejantes al hombre en lo anímico. Cabe suponer un superyó siempre que exista un período prolongado de dependencia infantil, como en el ser humano. Y es inevitable suponer una separación de yo y ello. La psicología animal no ha abordado todavía la interesante tarea que esto le plantea.

La verdad sobre Anna O. Psicoanalista Madrid.

psicologa en arturo soria

La primera gran puesta en cuestión del relato bordado por Breuer y Freud vino, paradójicamente,
de uno de los más fieles discípulos de este último, el psicoanalista británico Ernest Jones. En el
primer volumen de su monumental biografía (sería mejor decir hagiografía) de Freud, aparecido en
1953, Jones revelaba que el tratamiento de Anna O., cuyo verdadero nombre era Bertha
Pappenheim, no había terminado en absoluto como había pretendido Breuer en los Estudios sobre la
histeria. Breuer, en su descripción del caso, escribía que el tratamiento de Anna O. había terminado
el 7 de junio de 1882 et y que la paciente “se encuentra, desde entonces, liberada de los
innumerables trastornos que le habían afectado anteriormente. Partió inmediatamente de viaje, pero
transcurrió un tiempo bastante largo antes de que pudiera encontrar un equilibrio psíquico total.
Posteriormente, ha gozado de una salud perfecta
”.
En realidad, afirmaba Jones, Bertha Pappenheim había tenido una recaída y había tenido que ser
ingresada en una clínica, antes de restablecerse completamente y de convertirse en una pionera del
trabajo social y de la defensa de los derechos de las mujeres.
Jones acompañaba esta revelación de otra historia aun más sensacional, que decía conocer por el
propio Freud y de la que afirmaba haber encontrado confirmación en una carta inédita de Freud a su
prometida Martha Bernays fechada el 31 de octubre de 1883, a la que había podido tener acceso:
después del final del tratamiento, Josef Breuer había sido llamado por Bertha Pappenheim y la había
encontrado en pleno parto histérico, “final lógico de un embarazo imaginario” del que se le
consideraba responsable 3
. Aterrorizado por la brutal revelación del carácter sexual de la histeria de
su paciente, Breuer, “presa de sudores fríos 4
”, había huido precipitadamente y había llevado a su
mujer a una segunda luna de miel en Venecia donde le había hecho, a la vez, una hija. Todo esto
explicaba a buen seguro sus reticencias cuando Freud le había animado a publicar el caso de su
paciente y, de forma más general, su pusilanimidad posterior. Por otro lado, el relato que aporta
Jones parecía confirmar las alusiones de Freud había hecho en la Historia del movimiento
psicoanalítica (1914) y en su Autopresentación (1925) a un “amor de transferencia” que Anna O.
habría desarrollado con respecto a su médico después del final del tratamiento, que incitó a Breuer a
interrumpir toda relación con ella.
El historiador Henri Ellenberger, que había constatado de forma repetida que la biografía de
Jones no era fiable, estaba muy intrigado por este relato y emprendió investigaciones muy detalladas
al principio de los años 1960 para verificar su exactitud. No tuvo muchas dificultades en establecer
que Dora, la hija de Breuer, había nacido tres meses antes de su supuesta concepción en Venecia, lo
que era por lo menos estrafalario. Por contra, necesitó largos años para encontrar la clínica a la que

Idem había sido enviada Bertha Pappenheim. Finalmente, dio con una fotografía de Bertha Pappenheim
tomada en la época en la que estaba documentado que había sido hospitalizada y consiguió,
utilizando recursos del laboratorio medico-legal de la universidad de Montreal, identificar al
fotógrafo, que resultó que vivía no muy lejos del famoso sanatorio Bellevue de Kreuzlingen, en
Suiza.
Se trataba de un trabajo de detective, pero el resultado mereció la pena. En los archivos del
sanatorio Bellevue. Ellenberger encontró, efectivamente, un informe redactado por Breuer a la
atención del director del establecimiento, así como otros diversos documentos relativos a la estancia
de Bertha Pappenheim, que había durado algo más de tres meses. Resultó que la paciente había
continuado padeciendo los mismos síntomas histéricos que previamente, así como una
morfinomanía ocasionada por las altas dosis de morfina administradas por Breuer para calmarle una
dolorosa neuralgia facial. Continuando las investigaciones de Ellenberger, el historiador Albrecht
Hirschmüller dio con otros documentos que establecían que Breuer, a penas pocos días después del
supuesto final del tratamiento, preparaba ya su internamiento en Bellevue y mencionaba que ella
padecía de una “ligera locura histérica 5
”. De 1883 a 1887, Bertha Pappenheim tuvo todavía tres
estancias prolongadas en otro sanatorio, siempre por “histeria”, y no fue hasta finales de los años
1890 cuando empezó a restablecerse progresivamente y a lanzarse a diversas actividades literarias y
filantrópicas.
Está pues completamente claro que la famosa talking cure, modelo original de todas las curas
psicoanalíticas del mundo, había sido un fiasco total y que Breuer lo sabía pertinentemente. Sucede
lo mismo con Freud, al que Breuer tenía al corriente de la evolución de su ex-paciente. En 1883,
Freud escribía a su prometida que Breuer le había confiado “que desearía [que Bertha] muriera a fin
de que la pobre mujer se librara de sus sufrimientos. Dice que nunca se restablecerá, que está
completamente destruida 6
”. En enero y mayo de 1887, Martha Freud, que conocía personalmente a
Bertha Pappenheim, escribía a su madre que ésta seguía teniendo alucinaciones durante la noche 7
.
Eso no impedía sin embargo que su marido hiciera publicidad del “método” de Breuer en un artículo
de la enciclopedia publicado en 1888, en un momento en el que no había ningún medio de saber que
Bertha Pappenheim iba a restablecerse: “Este método de tratamiento es joven [en efecto: había sido
utilizado en una única paciente], pero consigue éxitos terapéuticos imposibles de obtener de otra
manera 8
” Es lo que Freud y Breuer repetirían en los Estudios sobre la histeria y es lo que Freud,
después de su ruptura con Breuer, continuaría afirmando hasta el fin: “La enferma se había curado y
había gozado desde entonces de buena salud, incluso había sido capaz de desarrollar actividades
importantes
”.
Por supuesto, siempre se podrá decir que esto no es en rigor una mentira, puesto que Bertha
Pappenheim en ese tiempo se restableció completamente. Sólo que su curación no le debía
estrictamente nada a la talking cure y que Breuer y Freud se apropiaron de una forma
completamente ilegítima de este restablecimiento posterior para promover su método. Es
evidentemente una conclusión muy embarazosa para el psicoanálisis, y he sido severamente atacado
por los psicoanalistas desde que la avancé en mi libro. André Green, por ejemplo, me reprochó
desde las columnas de Le Monde que no sabía de lo que hablaba, dado que era evidente para
cualquier psiquiatra que el restablecimiento de Bertha Pappenheim había sido una curación “en
diferido 10”. Reconozco que el profano que soy ignoraba en efecto este sorprendente concepto
psiquiátrico, pero me resisto a comprender como Green puede establecer que una terapia fechada en
1881-1882 fue la causa lejana (muy lejana) del restablecimiento de los años 1888-1890. En esa
línea, ¿por qué no atribuirlo a tal o cual estancia de Bertha en la clínica durante ese intervalo? La
verdad es que nadie sabe lo que provocó la curación de Bertha Pappenheim y que atribuirse el
mérito, como lo hicieron con toda verosimilitud Breuer y Freud, es simplemente un abuso de
confianza.
Queda la historia del parto histérico de Bertha Pappenheim. ¿Cómo explicar que Freud, mientras
seguía describiendo la talking cure original como un “gran éxito terapéutico 11”, hubiera
simultáneamente sugerido que el análisis de Bertha había sido incompleto a partir del hecho de la
fuga de Breuer frente al “amor de transferencia” de su paciente? Es un punto que nunca había tocado
en Souvenirs d’Anna O., pero que Sonu Shamdasani y yo tratamos en detalle en un libro que
acabamos de escribir juntos 12. Es necesario saber que Freud, a partir de los años 1908-1910, estuvo
en el punto de mira de las críticas de una escuela rival de “psicanálisis” (sin “o”, mientras que en

alemán psicanálisis se dice “Psychoanalyse”) apadrinada por el gran psiquiatra August Forel, que le
reprochaba haber abandonado el método catártico en provecho de una hermenéutica sexual todo
terreno e invocaba contra él, el caso de Anna O., que Breuer había descrito en su relato como
completamente “asexuada”. En la medida en que Freud continuó haciendo de este caso, el caso
fundador del psicoanálisis, era crucial poder mostrar que tenía también una base sexual, ignorada
por Breuer, y para eso le servían las alusiones al “amor de transferencia” de Anna O. en las obras
publicadas por Freud a partir de 1914, así como la versión más “sexy” del parto divulgada por él en
privado en la misma época.
O, ¿qué era verdaderamente? Recordamos que, según la biografía de Jones, la carta del 31 de
octubre 1883 a Martha Bernays confirmaba la historia que le había contado Freud. Es falso. En esa
carta, que Peter Swales y John Forrester consiguieron procurarse a pesar de la censura que pesaba
sobre ella en esa época, Freud contaba a su prometida que Breuer, de quien había obtenido la
historia, se había encaprichado de su paciente y que había tenido que interrumpir el tratamiento
cuando su mujer había empezado a estar celosa del tiempo que le consagraba. Ninguna mención a
un amor de Bertha por Breuer y aun menos de un embarazo imaginario. Freud, por tanto, invirtió los
papeles de los dos protagonistas para sugerir la naturaleza sexual de la histeria de Anna O.
En La Historia del movimiento psicoanalítico y en su Autopresentación, Freud insistía mucho en
el hecho de que Breuer no le había dicho nada sobre este asunto y que había tenido que reconstruir
el episodio “a posteriori”: “No me hizo ninguna comunicación directa sobre este tema, pero me
aportó en diversas ocasiones suficientes indicadores para justificar esta conjetura 13”. Falso, una vez
más, ya que Breuer le había dicho muy francamente de donde venía. Freud no tenía pues ninguna
razón para desplegar sus legendarios talentos de detective. La historia de amor de transferencia de
Bertha Pappenheim y de su embarazo histérico es en realidad una interpretación completamente
arbitraria – y, que además, ¡ni siquiera es del propio Freud!
Nos encontramos en efecto con que sabemos ahora de donde, o más bien de quien viene la
historia – ni de Breuer ni de Freud, sino de su discípulo Max Eitington. Albrecht Hirschmüller
reencontró el texto de una exposición que éste había hecho sobre el caso Anna O. en el contexto de
un seminario que celebró Freud en diciembre de 1910 14, en un época en la que los freudianos se
inquietaban precisamente mucho por las embestidas de Forel y de sus “psicanalistas”
neobreuerianos. Como buen alumno, Eitington se empleó en demostrar que la sintomatología de
Anna O. traicionaba las fantasías incestuosas de ésta con respecto a su padre, particularmente una
fantasía de embarazo, que enseguida transfirió sobre Breuer, tomado como figura paternal: “El
complejo de síntomas aquí evocado no hace sino parecerse a las manifestaciones de una fantasía de
embarazo 15”. Es pues esta fantasía de embarazo, de hecho hipotético, reconstruido por alguien que
no conocía a ninguno de los protagonistas del asunto, el que Freud transformó inmediatamente en
embarazo histérico real, con el fin de ridiculizar a Breuer y cerrar el pico a sus críticos. A Jung, le
contaba ya (antes de su ruptura en 1914) que después de haber sido considerada curada por Breuer
Anna O. había “hecho un gran ataque histérico, durante el cual ella […] había gritado: ‘¡Ahora llega
el niño del doctor Breuer! ¡Necesitamos al niño! ¿No es cierto?’ ¡Pero esto, esto debería haber
figurado en la historia del caso! […] Escuche, dice [Freud], eso hubiera dado, cuanto menos muy
mala impresión, ¿no? 16”.
El procedimiento es perfectamente mezquino, y en cualquier otro terreno se calificaría de
habladuría o calumnia. En psicoanálisis, a esto se le llama “construcción”.

Fundamentos del Arteterapia. Psicologa En Madrid.

Psicologos en Madrid

Dalley (1987) , plantea que el Arte Terapia se considera como el uso del arte en un contexto terapéutico, siendo lo más importante la persona y el proceso, donde el arte se utilizaría como un medio de comunicación no verbal.
Birtchnell por su parte, ratifica lo dicho por Dalley al decir que; dentro de los objetivos del Arte Terapia se trata más que de lo representado en sí, de la forma en que se ha hecho y el cómo se describe lo que se ha representado. Wood confirma la importancia del proceso al decir que el arte terapia involucra no solo la producción artística sino que también el proceso de elaboración. Se ha hablado de cambiarle el nombre de “arte” a lo elaborado en esta terapia, puesto que el término implica un juicio de valor estético en un contexto donde no es la prioridad, puesto que lo importante es el proceso y su relación con procesos psicológicos, más que el valor estético del producto. Al respecto Ulman dice que las proyecciones espontáneas estimuladas por la terapia artística no son propiamente arte, sino fragmentos vitales de la materia prima de la cual el arte puede evolucionar.

Taverne define el Arte Terapia como un placer y a la vez como un juego, en el cual se busca experimentar con sensaciones y sentimientos que se generan en la persona a partir del material que ha creado. Como lo buscado sería la esencia de la persona, lo más importante es lo que ella vive y “ve” en su creación. Es importante destacar que algunos arte-terapeutas le dan mucha importancia a la obra o producto artístico, diciendo que el arte es un fin en sí mismo, que refuerza el yo incentivando el crecimiento, sin embargo no dejan de lado el promover la capacidad expresiva artística
que coopera con el proceso de crecimiento psicológico.

 

Problemas pedagógicos y Psicoanalista y psicoanálisis.

El lacanismo no es una simple extravagancia. No es sorprendente que Lacan haya producido esto y que haya lacanianos, si se admite que estamos históricamente en lo que Lenin llamó el estadio superior del capitalismo, es decir, el imperialismo, del cual caracteriza los rasgos de parasitismo y putrefacción a todos los niveles, incluso a nivel cultural, y si se admite que vivimos la agonía del capitalismo como decía Trotsky, es decir, la agonía de todo un sistema de civilización, en el cual las fuerzas productivas de la humanidad han dejado de crecer. Hay que constatar que toda la creatividad es la que está cuestionada.

La burguesía, ya no está más, hoy, en condiciones de engendrar nuevos sistemas intelectuales. No puede sino repetir sistemas anteriores, oscureciéndolos. El lacanismo, desde este punto de vista, es un síndrome histórico: el de la sociedad capitalista que está reventando, llevado al extremo.

¿Qué hay que hacer de Lacan? La interpretación de Freud por parte de Lacan representa una reacción tal en toda la línea, que no hay nada para sacar de ella, salvo la significación histórica que reviste para nosotros esta ideología de podredumbre, de la descomposición y de la muerte. En revancha, hay que volver a los descubrimientos de Freud, con la idea de que estos descubrimientos deben ser articulados al materialismo histórico para permitir a los investigadores encaminarse hacia un conocimiento científico de los fenómenos psicológicos.