Psicoanalistas y su visión del las incidencias del significante Amo.

Psicoánalisis

Temas candentes en el Siglo XXI: 

Incidencias del Significante Amo

 

Psicoanalista y el significado de amo 

El abordaje de la acción del significante ha ido variando en el campo lacaniano sin abandonar por ello su posición como pilar estructural en la teoría psicoanalítica. La afirmación aiuno (Y’a de l’Un) que aparece por primera vez en el Seminario XIX …ou pire, constituye un nuevo anudamiento entre lo Simbólico y lo Real. Lacan lleva a cabo allí una renovación de la tesis sobre el significante, ampliando los márgenes de la experiencia analítica y el horizonte del final del análisis. Continue reading

Psicoanálisis y fracaso escolar en Madrid.

Psicoanálisis y fracaso escolar en Madrid.

Fracaso escolar y psicoanalisis en Madrid

El fracaso escolar visto desde el psicoanálisis es un síntoma, una señal, de que algo no va bien.

¿Pero qué? ¿Puede ser un éxito fracasar? Sucede a veces que el otro social desestabiliza las construcciones subjetivas de algunos chicos.

Detrás de ese fracaso puede haber una defensa, una lógica en juego que se puede investigar.

¿Cómo puede el educador manejar la distancia entre ideal y las posibilidades de cada sujeto, respetando su particularidad?

Abordar el fracaso escolar por vía del deseo del saber nos puede permitir contestar a las preguntas de porqué el alumno no aprende o qué le permite aprender

La verdad sobre Anna O. Psicoanalista Madrid.

psicologa en arturo soria

La primera gran puesta en cuestión del relato bordado por Breuer y Freud vino, paradójicamente,
de uno de los más fieles discípulos de este último, el psicoanalista británico Ernest Jones. En el
primer volumen de su monumental biografía (sería mejor decir hagiografía) de Freud, aparecido en
1953, Jones revelaba que el tratamiento de Anna O., cuyo verdadero nombre era Bertha
Pappenheim, no había terminado en absoluto como había pretendido Breuer en los Estudios sobre la
histeria. Breuer, en su descripción del caso, escribía que el tratamiento de Anna O. había terminado
el 7 de junio de 1882 et y que la paciente “se encuentra, desde entonces, liberada de los
innumerables trastornos que le habían afectado anteriormente. Partió inmediatamente de viaje, pero
transcurrió un tiempo bastante largo antes de que pudiera encontrar un equilibrio psíquico total.
Posteriormente, ha gozado de una salud perfecta
”.
En realidad, afirmaba Jones, Bertha Pappenheim había tenido una recaída y había tenido que ser
ingresada en una clínica, antes de restablecerse completamente y de convertirse en una pionera del
trabajo social y de la defensa de los derechos de las mujeres.
Jones acompañaba esta revelación de otra historia aun más sensacional, que decía conocer por el
propio Freud y de la que afirmaba haber encontrado confirmación en una carta inédita de Freud a su
prometida Martha Bernays fechada el 31 de octubre de 1883, a la que había podido tener acceso:
después del final del tratamiento, Josef Breuer había sido llamado por Bertha Pappenheim y la había
encontrado en pleno parto histérico, “final lógico de un embarazo imaginario” del que se le
consideraba responsable 3
. Aterrorizado por la brutal revelación del carácter sexual de la histeria de
su paciente, Breuer, “presa de sudores fríos 4
”, había huido precipitadamente y había llevado a su
mujer a una segunda luna de miel en Venecia donde le había hecho, a la vez, una hija. Todo esto
explicaba a buen seguro sus reticencias cuando Freud le había animado a publicar el caso de su
paciente y, de forma más general, su pusilanimidad posterior. Por otro lado, el relato que aporta
Jones parecía confirmar las alusiones de Freud había hecho en la Historia del movimiento
psicoanalítica (1914) y en su Autopresentación (1925) a un “amor de transferencia” que Anna O.
habría desarrollado con respecto a su médico después del final del tratamiento, que incitó a Breuer a
interrumpir toda relación con ella.
El historiador Henri Ellenberger, que había constatado de forma repetida que la biografía de
Jones no era fiable, estaba muy intrigado por este relato y emprendió investigaciones muy detalladas
al principio de los años 1960 para verificar su exactitud. No tuvo muchas dificultades en establecer
que Dora, la hija de Breuer, había nacido tres meses antes de su supuesta concepción en Venecia, lo
que era por lo menos estrafalario. Por contra, necesitó largos años para encontrar la clínica a la que

Idem había sido enviada Bertha Pappenheim. Finalmente, dio con una fotografía de Bertha Pappenheim
tomada en la época en la que estaba documentado que había sido hospitalizada y consiguió,
utilizando recursos del laboratorio medico-legal de la universidad de Montreal, identificar al
fotógrafo, que resultó que vivía no muy lejos del famoso sanatorio Bellevue de Kreuzlingen, en
Suiza.
Se trataba de un trabajo de detective, pero el resultado mereció la pena. En los archivos del
sanatorio Bellevue. Ellenberger encontró, efectivamente, un informe redactado por Breuer a la
atención del director del establecimiento, así como otros diversos documentos relativos a la estancia
de Bertha Pappenheim, que había durado algo más de tres meses. Resultó que la paciente había
continuado padeciendo los mismos síntomas histéricos que previamente, así como una
morfinomanía ocasionada por las altas dosis de morfina administradas por Breuer para calmarle una
dolorosa neuralgia facial. Continuando las investigaciones de Ellenberger, el historiador Albrecht
Hirschmüller dio con otros documentos que establecían que Breuer, a penas pocos días después del
supuesto final del tratamiento, preparaba ya su internamiento en Bellevue y mencionaba que ella
padecía de una “ligera locura histérica 5
”. De 1883 a 1887, Bertha Pappenheim tuvo todavía tres
estancias prolongadas en otro sanatorio, siempre por “histeria”, y no fue hasta finales de los años
1890 cuando empezó a restablecerse progresivamente y a lanzarse a diversas actividades literarias y
filantrópicas.
Está pues completamente claro que la famosa talking cure, modelo original de todas las curas
psicoanalíticas del mundo, había sido un fiasco total y que Breuer lo sabía pertinentemente. Sucede
lo mismo con Freud, al que Breuer tenía al corriente de la evolución de su ex-paciente. En 1883,
Freud escribía a su prometida que Breuer le había confiado “que desearía [que Bertha] muriera a fin
de que la pobre mujer se librara de sus sufrimientos. Dice que nunca se restablecerá, que está
completamente destruida 6
”. En enero y mayo de 1887, Martha Freud, que conocía personalmente a
Bertha Pappenheim, escribía a su madre que ésta seguía teniendo alucinaciones durante la noche 7
.
Eso no impedía sin embargo que su marido hiciera publicidad del “método” de Breuer en un artículo
de la enciclopedia publicado en 1888, en un momento en el que no había ningún medio de saber que
Bertha Pappenheim iba a restablecerse: “Este método de tratamiento es joven [en efecto: había sido
utilizado en una única paciente], pero consigue éxitos terapéuticos imposibles de obtener de otra
manera 8
” Es lo que Freud y Breuer repetirían en los Estudios sobre la histeria y es lo que Freud,
después de su ruptura con Breuer, continuaría afirmando hasta el fin: “La enferma se había curado y
había gozado desde entonces de buena salud, incluso había sido capaz de desarrollar actividades
importantes
”.
Por supuesto, siempre se podrá decir que esto no es en rigor una mentira, puesto que Bertha
Pappenheim en ese tiempo se restableció completamente. Sólo que su curación no le debía
estrictamente nada a la talking cure y que Breuer y Freud se apropiaron de una forma
completamente ilegítima de este restablecimiento posterior para promover su método. Es
evidentemente una conclusión muy embarazosa para el psicoanálisis, y he sido severamente atacado
por los psicoanalistas desde que la avancé en mi libro. André Green, por ejemplo, me reprochó
desde las columnas de Le Monde que no sabía de lo que hablaba, dado que era evidente para
cualquier psiquiatra que el restablecimiento de Bertha Pappenheim había sido una curación “en
diferido 10”. Reconozco que el profano que soy ignoraba en efecto este sorprendente concepto
psiquiátrico, pero me resisto a comprender como Green puede establecer que una terapia fechada en
1881-1882 fue la causa lejana (muy lejana) del restablecimiento de los años 1888-1890. En esa
línea, ¿por qué no atribuirlo a tal o cual estancia de Bertha en la clínica durante ese intervalo? La
verdad es que nadie sabe lo que provocó la curación de Bertha Pappenheim y que atribuirse el
mérito, como lo hicieron con toda verosimilitud Breuer y Freud, es simplemente un abuso de
confianza.
Queda la historia del parto histérico de Bertha Pappenheim. ¿Cómo explicar que Freud, mientras
seguía describiendo la talking cure original como un “gran éxito terapéutico 11”, hubiera
simultáneamente sugerido que el análisis de Bertha había sido incompleto a partir del hecho de la
fuga de Breuer frente al “amor de transferencia” de su paciente? Es un punto que nunca había tocado
en Souvenirs d’Anna O., pero que Sonu Shamdasani y yo tratamos en detalle en un libro que
acabamos de escribir juntos 12. Es necesario saber que Freud, a partir de los años 1908-1910, estuvo
en el punto de mira de las críticas de una escuela rival de “psicanálisis” (sin “o”, mientras que en

alemán psicanálisis se dice “Psychoanalyse”) apadrinada por el gran psiquiatra August Forel, que le
reprochaba haber abandonado el método catártico en provecho de una hermenéutica sexual todo
terreno e invocaba contra él, el caso de Anna O., que Breuer había descrito en su relato como
completamente “asexuada”. En la medida en que Freud continuó haciendo de este caso, el caso
fundador del psicoanálisis, era crucial poder mostrar que tenía también una base sexual, ignorada
por Breuer, y para eso le servían las alusiones al “amor de transferencia” de Anna O. en las obras
publicadas por Freud a partir de 1914, así como la versión más “sexy” del parto divulgada por él en
privado en la misma época.
O, ¿qué era verdaderamente? Recordamos que, según la biografía de Jones, la carta del 31 de
octubre 1883 a Martha Bernays confirmaba la historia que le había contado Freud. Es falso. En esa
carta, que Peter Swales y John Forrester consiguieron procurarse a pesar de la censura que pesaba
sobre ella en esa época, Freud contaba a su prometida que Breuer, de quien había obtenido la
historia, se había encaprichado de su paciente y que había tenido que interrumpir el tratamiento
cuando su mujer había empezado a estar celosa del tiempo que le consagraba. Ninguna mención a
un amor de Bertha por Breuer y aun menos de un embarazo imaginario. Freud, por tanto, invirtió los
papeles de los dos protagonistas para sugerir la naturaleza sexual de la histeria de Anna O.
En La Historia del movimiento psicoanalítico y en su Autopresentación, Freud insistía mucho en
el hecho de que Breuer no le había dicho nada sobre este asunto y que había tenido que reconstruir
el episodio “a posteriori”: “No me hizo ninguna comunicación directa sobre este tema, pero me
aportó en diversas ocasiones suficientes indicadores para justificar esta conjetura 13”. Falso, una vez
más, ya que Breuer le había dicho muy francamente de donde venía. Freud no tenía pues ninguna
razón para desplegar sus legendarios talentos de detective. La historia de amor de transferencia de
Bertha Pappenheim y de su embarazo histérico es en realidad una interpretación completamente
arbitraria – y, que además, ¡ni siquiera es del propio Freud!
Nos encontramos en efecto con que sabemos ahora de donde, o más bien de quien viene la
historia – ni de Breuer ni de Freud, sino de su discípulo Max Eitington. Albrecht Hirschmüller
reencontró el texto de una exposición que éste había hecho sobre el caso Anna O. en el contexto de
un seminario que celebró Freud en diciembre de 1910 14, en un época en la que los freudianos se
inquietaban precisamente mucho por las embestidas de Forel y de sus “psicanalistas”
neobreuerianos. Como buen alumno, Eitington se empleó en demostrar que la sintomatología de
Anna O. traicionaba las fantasías incestuosas de ésta con respecto a su padre, particularmente una
fantasía de embarazo, que enseguida transfirió sobre Breuer, tomado como figura paternal: “El
complejo de síntomas aquí evocado no hace sino parecerse a las manifestaciones de una fantasía de
embarazo 15”. Es pues esta fantasía de embarazo, de hecho hipotético, reconstruido por alguien que
no conocía a ninguno de los protagonistas del asunto, el que Freud transformó inmediatamente en
embarazo histérico real, con el fin de ridiculizar a Breuer y cerrar el pico a sus críticos. A Jung, le
contaba ya (antes de su ruptura en 1914) que después de haber sido considerada curada por Breuer
Anna O. había “hecho un gran ataque histérico, durante el cual ella […] había gritado: ‘¡Ahora llega
el niño del doctor Breuer! ¡Necesitamos al niño! ¿No es cierto?’ ¡Pero esto, esto debería haber
figurado en la historia del caso! […] Escuche, dice [Freud], eso hubiera dado, cuanto menos muy
mala impresión, ¿no? 16”.
El procedimiento es perfectamente mezquino, y en cualquier otro terreno se calificaría de
habladuría o calumnia. En psicoanálisis, a esto se le llama “construcción”.

Conclusiones del psicoanalisis infantil.

Podemos decir que en nuestro país la obra de Lacan se conoce desde hace ya algún tiempo, por lo menos quince años. Con lo cual tenemos dos generaciones: una nueva, que ha sido formada casi con exclusividad en esta teoría, y otra que comprende a los antiguos analistas. 

También podemos decir que la teoría de Lacan cae, entre nosotros, en un piso kleiniano, lo cual produce efectos especiales. Por un lado, este piso era fértil y permeable, ya que estaba cuestionado y sentíamos la necesidad de reubicar el universo kleiniano en un contexto más amplio. En este sentido nos interesó la opinión de Mannoni cuando dijo: “Toda teoría kleiniana se beneficiaría si se retomara dentro del campo de la palabra”. Luego agregó: “Los objetos kleinianos se sitúan dentro del orden de lo imaginario entre las dos cadenas del discurso manifiesto y reprimido”.

En esta teoría, la fantasía inconsciente de Klein queda reubicada entonces en el orden de lo imaginario como un inventario de las infinitas formas del fantasma.

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Introducción al psicoanalisis.

Un psicoanalista va cambiando a medida que transcurre el tiempo. A veces una decisión voluntaria que proviene de un cuestionamiento a fondo de su vieja teoría y práctica provoca su adhesión a una nueva teoría que aparece, por lo menos en el primer momento, como la panacea universal para sus males (de analista). Pero esta forma que el cambio tiene de presentarse no es la más frecuente. En general, en los psicoanalistas predomina la idea de ser coherentes con la idea de ruptura.

Rosolato dice que la evolución de un psicoanalista, práctica o teórica, se desarrolla insensiblemente y se comunica après-coup. Cuando una teoría surge en un medio analítico, ya sea como producto de ese medio, ya sea importada, se produce alrededor de este hecho una serie de acontecimientos que van desde las adhesiones más apasionadas a los cuestionamientos más agresivos. Pero en ese debate, en esa lucha, todo el medio analítico se va modificando. De pronto nos encontramos usando nuevas palabras para designar viejos hechos, o hacemos nuevas preguntas o tenemos nuevas formas de escuchar. También reorientamos nuestro interés hacia fenómenos que hasta ese momento no habíamos percibido.

Me interesa discutir con ustedes esta evolución subclínica del psicoanalista, en este caso, de niños. Un profesor de filosofía, Luis Guerrero, decía que cuando surge una gran obra de arte, queda allí plasmada toda la transformación y los nuevos modelos que la sociedad ha creado en ese momento histórico. Pero además, más allá de esa gran obra, podemos seguir los cambios en la vida cotidiana: en los utensilios de uso corriente, en las modas y costumbres. Entonces, la pregunta sería: “¿cuáles son nuestros utensilios ahora?”.

Esta pregunta me obligó a hacer un alto y procesar mi quehacer de todo este tiempo. En esta historia vamos a encontrar, por supuesto, los grandes pensadores en psicoanálisis de niños, quienes  intervinieron e intervienen en nuestro medio psicoanalítico, a saber: Melanie Klein –el origen mismo del psicoanálisis de niños en nuestro país–,  Anna Freud, Winnicott y, actualmente, los analistas de niños de filiación lacaniana.