Como saber si necesito un psicoanalista

como saber si necesito un psicoanalista

Las personas que padecen algún sufrimiento emocional o psicológico puede necesitar un psicoanalista que te ayudara a conocer y comprender mejor tus emociones, acciones y actitudes, desarrollar sus potenciales personales y conseguir aliviar sufrimientos emocionales. El psicoanalista hará mejorar las relaciones con los demás y a estar mas satisfechos con nuestra propia vida haciendo cambiar hábitos inadecuados para poder vivir mejor la realidad y ganar autonomía en su propia vida y ser mas autosuficiente emocionalmente. Continue reading

Psicoanalistas y su visión del las incidencias del significante Amo.

Psicoánalisis

Temas candentes en el Siglo XXI: 

Incidencias del Significante Amo

 

Psicoanalista y el significado de amo 

El abordaje de la acción del significante ha ido variando en el campo lacaniano sin abandonar por ello su posición como pilar estructural en la teoría psicoanalítica. La afirmación aiuno (Y’a de l’Un) que aparece por primera vez en el Seminario XIX …ou pire, constituye un nuevo anudamiento entre lo Simbólico y lo Real. Lacan lleva a cabo allí una renovación de la tesis sobre el significante, ampliando los márgenes de la experiencia analítica y el horizonte del final del análisis. Continue reading

Psicoanalista y la doctrina de pulsiones 2º.

Psicoanalista arturo soriaEn posteriores estados nos resulta relativamente fácil perseguir los destinos de la libido; ello es más difícil respecto de la pulsión de destrucción. Mientras esta última produce efectos en lo interior como pulsión de muerte, permanece muda; sólo comparece ante nosotros cuando es vuelta hacia afuera como pulsión de destrucción. Que esto acontezca parece una necesidad objetiva para la conservación del individuo. El sistema muscular sirve a esta derivación. Con la instalación del superyó, montos considerables de la pulsión de agresión son fijados en el interior del yo y allí ejercen efectos autodestructivos. Es uno de los peligros para su salud que el ser humano toma sobre sí en su camino de desarrollo cultural. Retener la agresión es en general insano, produce un efecto patógeno (mortificación) {Kränkung(7)}. El tránsito de una agresión impedida hacia una destrucción de sí mismo por vuelta de la agresión hacia la persona propia suele ilustrarlo una persona en el ataque de furia, cuando se mesa los cabellos y se golpea el rostro con los puños, en todo lo cual es evidente que ella habría preferido infligir a otro ese tratamiento. Una parte de destrucción de sí permanece en lo interior, sean cuales fueren las circunstancias, hasta que al fin consigue matar al individuo, quizá sólo cuando la libido de este se ha consumido o fijado de una manera desventajosa. Así, se puede conjeturar, en general, que el individuo muere a raíz de sus conflictos internos; la especie, en cambio, se extingue por su infructuosa lucha contra el mundo exterior, cuando este último ha cambiado de una manera tal que no son suficientes las adaptaciones adquiridas por aquella. Es difícil enunciar algo sobre el comportamiento de la libido dentro del ello y dentro del superyó. Todo cuanto sabemos acerca de esto se refiere al yo, en el cual se almacena inicialmente todo el monto disponible de libido. Llamamos narcisismo primario absoluto a ese estado. Dura hasta que el yo empieza a investir con libido las representaciones de objetos, a trasponer libido narcisista en libido de objeto. Durante toda la vida, el yo sigue siendo el gran reservorio desde el cual investiduras libidinales son enviadas a los objetos y al interior del cual se las vuelve a retirar, tal como un cuerpo protoplasmático procede con sus seudópodos. Sólo en el estado de un enamoramiento total se trasfiere sobre el objeto el monto principal de la libido, el objeto se pone {setzen sich} en cierta medida en el lugar del yo. Un carácter de importancia vital es la movilidad de la libido, la presteza con que ella traspasa de un objeto a otro objeto. En oposición a esto se sitúa la fijación de la libido en determinados objetos, que a menudo dura la vida entera. Es innegable que la libido tiene fuentes somáticas, y afluye al yo desde diversos órganos y partes del cuerpo. Esto se ve de la manera más nítida en aquel sector de la libido que de acuerdo con su meta pulsional, se designa «excitación sexual». Entre los lugares del cuerpo de los que parte esa libido, los más destacados se señalan con el nombre de zonas erógenas, pero en verdad el cuerpo íntegro es una zona erógena tal. Lo mejor que sabemos sobre Eros, o sea sobre su exponente, la libido, se adquirió por el estudio de la función sexual, la cual en la concepción corriente -aunque no en nuestra teoría- se superpone con Eros. Pudimos formarnos una imagen del modo en que la aspiración sexual, que está destinada a influir de manera decisiva sobre nuestra vida, se desarrolla poco a poco desde las alternantes contribuciones de varias pulsiones parciales, subrogantes de determinadas zonas erógenas.

El análisis interminable. Psicoanalista Madrid.

El análisis interminable. Psicoanalista Madrid.

psicoanalisis  madrid

 

Freud buscó crear una relación de fuerza tal con la neurosis que esta neurosis fuera
simultáneamente transformada en fenómenos susceptible de ciencia y curada. La grandeza de Freud
fue platear el desafío de la ciencia en un terreno que escapaba de ella, intentando crear un fenómeno
fiable a partir del cual una discusión fuera posible. Pero era aquí también donde debía forzosamente
fracasar.
Chertok y usted dicen que es lo que Freud reconoció al final de su vida, en “Análisis terminable,
análisis interminable”. En ese artículo de 1937, Freud confiesa en términos muy claros el fracaso
de toda su empresa, y es solamente, dicen ustedes, porque la comunidad psicoanalítica se organizó
para disimular o minimizar las cosas, que no nos hemos dado cuenta de la enormidad de esa
confesión del fundador del psicoanálisis.
Digamos que se puede leer esa confesión de dos maneras. Se puede leer, y es lo que nosotros
hicimos, como el último de los escritos técnicos de Freud. Desde este punto de vista, te preguntas
verdaderamente por qué no figura al final del volumen que se considera que reúne en francés los
escritos técnicos de Freud96. Es evidente que es un texto que tiene la misma esencia, los mismos
ingredientes que los demás escritos en los que Freud presenta su técnica terapéutica. O, si se lo lee
en continuidad con los demás escritos técnicos, lo único que podemos ver es una confesión de
fracaso, totalmente claro y totalmente explícito. Freud muestra con enorme insistencia que la
relación de fuerza entre el paciente y el analista es desfavorable a este último, en el sentido de que
todo lo que éste puede movilizar contra las resistencias del paciente no es suficiente, casi nunca para
eliminarlas. Por tanto la técnica psicoanalítica no había cumplido sus promesas, decepcionó al viejo
Freud exactamente de la misma manera que la hipnosis le había decepcionado en los tiempos del
inicio del psicoanálisis. Desde este punto de vista, este artículo traza una línea sobre el psicoanálisis,
una línea verdaderamente final, y, si se lee desde esa perspectiva, como hicimos, es completamente
evidente.
Resulta que la mayor parte de los psicoanalistas no lo leen de esta forma. Prefieren adoptar otra
lectura, que por otra parte había sugerido el mismo Freud: ¿el psicoanálisis es una tarea imposible?
Bien, glorifiquémonos pues de practicarla a pesar de todo, con todo conocimiento de causa. El
psicoanálisis continúa siendo pues el non plus ultra, el fin del fin de la psicoterapia, porque sabe lo
que las demás terapias ignoran. Cierto, hay un fracaso cuantitativo del psicoanálisis, en la medida en

la que no consigue, de hecho, movilizar las fuerzas necesarias para eliminar las resistencias del
paciente. Pero, cualitativamente, el psicoanálisis continúa teniendo razón, y, de hecho, es
precisamente lo que Freud decía también en su artículo. Se puede, sin embargo, plantear serias
cuestiones a propósito de esta última “defensa” del psicoanálisis, que se parece mucho a una pirueta.
Ya que, antes, relacionaba bien lo cualitativo y lo cuantitativo, es decir la teoría (la ciencia) y la
técnica (la curación). Fue el factor cuantitativo, dicho de otra manera, la eficacia alegada de la cura
psicoanalítica la que le sirvió para promocionar el análisis como una psicoterapia diferente-a-las –
demás. De repente, se dice que este “tenemos razón cualitativamente” suena muy hueco. Flota en el
aire, ya que ha perdido el apoyo que Freud le había dado antes. En realidad, este “cualitativamente
tenemos razón” equivale simplemente a un “existimos y vamos a continuar existiendo”. Y es así
como lo han entendido los psicoanalistas: “Sí, reconocemos que las mayor parte de las curas son
interminables y se saldan con un fracaso, ya que la grandeza del psicoanálisis es reconocer que no se
satisface de curaciones falsas”.
Para los psicoanalistas, la confesión de fracaso se convierte pues en un título de gloria, mientras
que, desde la perspectiva que hemos adoptado, Chertok y yo, la confesión de fracaso es simplemente
una confesión de fracaso, punto y aparte. No se puede hablar de resistencia salvo en la medida en
que se puede vencer a la resistencia, y es precisamente lo que pretendía Freud al inicio, al hacer
coincidir el análisis de transferencia, la curación y la prueba. Desde este punto de vista, la confesión
final lo vuelve a poner todo en cuestión. Es un retorno a la casilla de salida, y desde luego es así
como Ferenczi, con quien Freud discute en este artículo, entendía las cosas: “Reconozcamos, decía,
que la ambición que está en el origen del psicoanálisis nos ha llevado a un callejón sin salida,
volvamos atrás, hacia las minas no explotadas y los filones abandonados”. En cuanto a Freud, no
habla de callejón sin salida. Habla de fracaso, de un fracaso tan heroico que prohíbe la vuelta atrás

La verdad sobre Anna O. Psicoanalista Madrid.

psicologa en arturo soria

La primera gran puesta en cuestión del relato bordado por Breuer y Freud vino, paradójicamente,
de uno de los más fieles discípulos de este último, el psicoanalista británico Ernest Jones. En el
primer volumen de su monumental biografía (sería mejor decir hagiografía) de Freud, aparecido en
1953, Jones revelaba que el tratamiento de Anna O., cuyo verdadero nombre era Bertha
Pappenheim, no había terminado en absoluto como había pretendido Breuer en los Estudios sobre la
histeria. Breuer, en su descripción del caso, escribía que el tratamiento de Anna O. había terminado
el 7 de junio de 1882 et y que la paciente “se encuentra, desde entonces, liberada de los
innumerables trastornos que le habían afectado anteriormente. Partió inmediatamente de viaje, pero
transcurrió un tiempo bastante largo antes de que pudiera encontrar un equilibrio psíquico total.
Posteriormente, ha gozado de una salud perfecta
”.
En realidad, afirmaba Jones, Bertha Pappenheim había tenido una recaída y había tenido que ser
ingresada en una clínica, antes de restablecerse completamente y de convertirse en una pionera del
trabajo social y de la defensa de los derechos de las mujeres.
Jones acompañaba esta revelación de otra historia aun más sensacional, que decía conocer por el
propio Freud y de la que afirmaba haber encontrado confirmación en una carta inédita de Freud a su
prometida Martha Bernays fechada el 31 de octubre de 1883, a la que había podido tener acceso:
después del final del tratamiento, Josef Breuer había sido llamado por Bertha Pappenheim y la había
encontrado en pleno parto histérico, “final lógico de un embarazo imaginario” del que se le
consideraba responsable 3
. Aterrorizado por la brutal revelación del carácter sexual de la histeria de
su paciente, Breuer, “presa de sudores fríos 4
”, había huido precipitadamente y había llevado a su
mujer a una segunda luna de miel en Venecia donde le había hecho, a la vez, una hija. Todo esto
explicaba a buen seguro sus reticencias cuando Freud le había animado a publicar el caso de su
paciente y, de forma más general, su pusilanimidad posterior. Por otro lado, el relato que aporta
Jones parecía confirmar las alusiones de Freud había hecho en la Historia del movimiento
psicoanalítica (1914) y en su Autopresentación (1925) a un “amor de transferencia” que Anna O.
habría desarrollado con respecto a su médico después del final del tratamiento, que incitó a Breuer a
interrumpir toda relación con ella.
El historiador Henri Ellenberger, que había constatado de forma repetida que la biografía de
Jones no era fiable, estaba muy intrigado por este relato y emprendió investigaciones muy detalladas
al principio de los años 1960 para verificar su exactitud. No tuvo muchas dificultades en establecer
que Dora, la hija de Breuer, había nacido tres meses antes de su supuesta concepción en Venecia, lo
que era por lo menos estrafalario. Por contra, necesitó largos años para encontrar la clínica a la que

Idem había sido enviada Bertha Pappenheim. Finalmente, dio con una fotografía de Bertha Pappenheim
tomada en la época en la que estaba documentado que había sido hospitalizada y consiguió,
utilizando recursos del laboratorio medico-legal de la universidad de Montreal, identificar al
fotógrafo, que resultó que vivía no muy lejos del famoso sanatorio Bellevue de Kreuzlingen, en
Suiza.
Se trataba de un trabajo de detective, pero el resultado mereció la pena. En los archivos del
sanatorio Bellevue. Ellenberger encontró, efectivamente, un informe redactado por Breuer a la
atención del director del establecimiento, así como otros diversos documentos relativos a la estancia
de Bertha Pappenheim, que había durado algo más de tres meses. Resultó que la paciente había
continuado padeciendo los mismos síntomas histéricos que previamente, así como una
morfinomanía ocasionada por las altas dosis de morfina administradas por Breuer para calmarle una
dolorosa neuralgia facial. Continuando las investigaciones de Ellenberger, el historiador Albrecht
Hirschmüller dio con otros documentos que establecían que Breuer, a penas pocos días después del
supuesto final del tratamiento, preparaba ya su internamiento en Bellevue y mencionaba que ella
padecía de una “ligera locura histérica 5
”. De 1883 a 1887, Bertha Pappenheim tuvo todavía tres
estancias prolongadas en otro sanatorio, siempre por “histeria”, y no fue hasta finales de los años
1890 cuando empezó a restablecerse progresivamente y a lanzarse a diversas actividades literarias y
filantrópicas.
Está pues completamente claro que la famosa talking cure, modelo original de todas las curas
psicoanalíticas del mundo, había sido un fiasco total y que Breuer lo sabía pertinentemente. Sucede
lo mismo con Freud, al que Breuer tenía al corriente de la evolución de su ex-paciente. En 1883,
Freud escribía a su prometida que Breuer le había confiado “que desearía [que Bertha] muriera a fin
de que la pobre mujer se librara de sus sufrimientos. Dice que nunca se restablecerá, que está
completamente destruida 6
”. En enero y mayo de 1887, Martha Freud, que conocía personalmente a
Bertha Pappenheim, escribía a su madre que ésta seguía teniendo alucinaciones durante la noche 7
.
Eso no impedía sin embargo que su marido hiciera publicidad del “método” de Breuer en un artículo
de la enciclopedia publicado en 1888, en un momento en el que no había ningún medio de saber que
Bertha Pappenheim iba a restablecerse: “Este método de tratamiento es joven [en efecto: había sido
utilizado en una única paciente], pero consigue éxitos terapéuticos imposibles de obtener de otra
manera 8
” Es lo que Freud y Breuer repetirían en los Estudios sobre la histeria y es lo que Freud,
después de su ruptura con Breuer, continuaría afirmando hasta el fin: “La enferma se había curado y
había gozado desde entonces de buena salud, incluso había sido capaz de desarrollar actividades
importantes
”.
Por supuesto, siempre se podrá decir que esto no es en rigor una mentira, puesto que Bertha
Pappenheim en ese tiempo se restableció completamente. Sólo que su curación no le debía
estrictamente nada a la talking cure y que Breuer y Freud se apropiaron de una forma
completamente ilegítima de este restablecimiento posterior para promover su método. Es
evidentemente una conclusión muy embarazosa para el psicoanálisis, y he sido severamente atacado
por los psicoanalistas desde que la avancé en mi libro. André Green, por ejemplo, me reprochó
desde las columnas de Le Monde que no sabía de lo que hablaba, dado que era evidente para
cualquier psiquiatra que el restablecimiento de Bertha Pappenheim había sido una curación “en
diferido 10”. Reconozco que el profano que soy ignoraba en efecto este sorprendente concepto
psiquiátrico, pero me resisto a comprender como Green puede establecer que una terapia fechada en
1881-1882 fue la causa lejana (muy lejana) del restablecimiento de los años 1888-1890. En esa
línea, ¿por qué no atribuirlo a tal o cual estancia de Bertha en la clínica durante ese intervalo? La
verdad es que nadie sabe lo que provocó la curación de Bertha Pappenheim y que atribuirse el
mérito, como lo hicieron con toda verosimilitud Breuer y Freud, es simplemente un abuso de
confianza.
Queda la historia del parto histérico de Bertha Pappenheim. ¿Cómo explicar que Freud, mientras
seguía describiendo la talking cure original como un “gran éxito terapéutico 11”, hubiera
simultáneamente sugerido que el análisis de Bertha había sido incompleto a partir del hecho de la
fuga de Breuer frente al “amor de transferencia” de su paciente? Es un punto que nunca había tocado
en Souvenirs d’Anna O., pero que Sonu Shamdasani y yo tratamos en detalle en un libro que
acabamos de escribir juntos 12. Es necesario saber que Freud, a partir de los años 1908-1910, estuvo
en el punto de mira de las críticas de una escuela rival de “psicanálisis” (sin “o”, mientras que en

alemán psicanálisis se dice “Psychoanalyse”) apadrinada por el gran psiquiatra August Forel, que le
reprochaba haber abandonado el método catártico en provecho de una hermenéutica sexual todo
terreno e invocaba contra él, el caso de Anna O., que Breuer había descrito en su relato como
completamente “asexuada”. En la medida en que Freud continuó haciendo de este caso, el caso
fundador del psicoanálisis, era crucial poder mostrar que tenía también una base sexual, ignorada
por Breuer, y para eso le servían las alusiones al “amor de transferencia” de Anna O. en las obras
publicadas por Freud a partir de 1914, así como la versión más “sexy” del parto divulgada por él en
privado en la misma época.
O, ¿qué era verdaderamente? Recordamos que, según la biografía de Jones, la carta del 31 de
octubre 1883 a Martha Bernays confirmaba la historia que le había contado Freud. Es falso. En esa
carta, que Peter Swales y John Forrester consiguieron procurarse a pesar de la censura que pesaba
sobre ella en esa época, Freud contaba a su prometida que Breuer, de quien había obtenido la
historia, se había encaprichado de su paciente y que había tenido que interrumpir el tratamiento
cuando su mujer había empezado a estar celosa del tiempo que le consagraba. Ninguna mención a
un amor de Bertha por Breuer y aun menos de un embarazo imaginario. Freud, por tanto, invirtió los
papeles de los dos protagonistas para sugerir la naturaleza sexual de la histeria de Anna O.
En La Historia del movimiento psicoanalítico y en su Autopresentación, Freud insistía mucho en
el hecho de que Breuer no le había dicho nada sobre este asunto y que había tenido que reconstruir
el episodio “a posteriori”: “No me hizo ninguna comunicación directa sobre este tema, pero me
aportó en diversas ocasiones suficientes indicadores para justificar esta conjetura 13”. Falso, una vez
más, ya que Breuer le había dicho muy francamente de donde venía. Freud no tenía pues ninguna
razón para desplegar sus legendarios talentos de detective. La historia de amor de transferencia de
Bertha Pappenheim y de su embarazo histérico es en realidad una interpretación completamente
arbitraria – y, que además, ¡ni siquiera es del propio Freud!
Nos encontramos en efecto con que sabemos ahora de donde, o más bien de quien viene la
historia – ni de Breuer ni de Freud, sino de su discípulo Max Eitington. Albrecht Hirschmüller
reencontró el texto de una exposición que éste había hecho sobre el caso Anna O. en el contexto de
un seminario que celebró Freud en diciembre de 1910 14, en un época en la que los freudianos se
inquietaban precisamente mucho por las embestidas de Forel y de sus “psicanalistas”
neobreuerianos. Como buen alumno, Eitington se empleó en demostrar que la sintomatología de
Anna O. traicionaba las fantasías incestuosas de ésta con respecto a su padre, particularmente una
fantasía de embarazo, que enseguida transfirió sobre Breuer, tomado como figura paternal: “El
complejo de síntomas aquí evocado no hace sino parecerse a las manifestaciones de una fantasía de
embarazo 15”. Es pues esta fantasía de embarazo, de hecho hipotético, reconstruido por alguien que
no conocía a ninguno de los protagonistas del asunto, el que Freud transformó inmediatamente en
embarazo histérico real, con el fin de ridiculizar a Breuer y cerrar el pico a sus críticos. A Jung, le
contaba ya (antes de su ruptura en 1914) que después de haber sido considerada curada por Breuer
Anna O. había “hecho un gran ataque histérico, durante el cual ella […] había gritado: ‘¡Ahora llega
el niño del doctor Breuer! ¡Necesitamos al niño! ¿No es cierto?’ ¡Pero esto, esto debería haber
figurado en la historia del caso! […] Escuche, dice [Freud], eso hubiera dado, cuanto menos muy
mala impresión, ¿no? 16”.
El procedimiento es perfectamente mezquino, y en cualquier otro terreno se calificaría de
habladuría o calumnia. En psicoanálisis, a esto se le llama “construcción”.

Los comienzos del Psicoanalisis y el psicoanalista

Psicoanalisis madridLos comienzos del Psicoanalisis y el psicoanalista

El primer trabajo publicado de Freud sobre psicopatología, Sobre la afasia, apareció en 1891; era un estudio de este trastorno neurológico en el que la capacidad para pronunciar palabras o nombrar objetos comunes se pierde como consecuencia de una enfermedad orgánica en el cerebro. Su último trabajo sobre neurología, el artículo, `Parálisis cerebrales infantiles’, fue escrito para una enciclopedia en 1897 sólo por la insistencia del editor, porque en aquel momento Freud estaba más ocupado en las explicaciones psicológicas de las enfermedades mentales que en las fisiológicas. Sus trabajos posteriores se inscriben enteramente en ese terreno, que él mismo había bautizado como psicoanálisis en 1896.

Esta nueva orientación de Freud se dio a conocer por vez primera en su trabajo Estudios sobre la histeria (1893), elaborado en colaboración con el médico vienés Josef Breuer, que dos años después se publicaría con mayor extensión. Se consideraban los síntomas de la histeria como manifestaciones de energía emocional no descargada, asociada con traumas psíquicos olvidados. El procedimiento terapéutico consistía en sumir al paciente en un estado hipnótico, para forzarle a recordar y revivir la experiencia traumática origen del trastorno, con lo que se descargarían por catarsis las emociones causantes de los síntomas. La publicación de esta obra marcó el comienzo de la teoría psicoanalítica, formulada sobre la base de las observaciones clínicas.

En sus observaciones clínicas, Freud halló evidencias de los mecanismos mentales de la represión y la resistencia, describiendo la primera como un mecanismo inconsciente que hace inaccesible a la mente consciente el recuerdo de hechos dolorosos o traumáticos; y la segunda como la defensa inconsciente contra la accesibilidad a la conciencia de las experiencias reprimidas, para evitar la ansiedad que de ella se deriva.

Freud propuso seguir el curso de los procesos inconscientes, usando las asociaciones libres del paciente como guía para interpretar los sueños y los lapsos en el lenguaje. Mediante el análisis de los sueños llegó a sus teorías sobre la sexualidad infantil y el complejo de Edipo, que explicaría el apego del niño al progenitor del sexo contrario, junto con los sentimientos hostiles hacia el del propio sexo. Estos planteamientos, que hacían hincapié en la base biológica del comportamiento humano, fueron muy controvertidos.

También la teoría de la transferencia, proceso por el que las actitudes emocionales, establecidas originalmente hacia las figuras de los padres durante la infancia, son transferidas en la vida adulta a otros personajes. El final de este periodo viene marcado por la aparición de su obra más importante, La interpretación de los sueños. En ella analiza muchos de sus propios sueños, registrados durante tres años de autoanálisis iniciados en 1897. Este trabajo expone todos los conceptos fundamentales en que se asientan la teoría y la técnica psicoanalítica.

El mundo médico todavía contemplaba su trabajo con hostilidad, y sus siguientes escritos, Psicopatología de la vida cotidiana y Tres ensayos para una teoría sexual, no hicieron más que aumentar este antagonismo. Como consecuencia, Freud continuó trabajando virtualmente solo, en lo que él mismo denominó “una espléndida soledad “.

Sin embargo, hacia 1906, Freud contaba ya con un reducido número de alumnos y seguidores destacando los psiquiatras austriacos William Stekel y Alfred Adler, el psicólogo austriaco Otto Rank, el psiquiatra estadounidense Abraham Brill, y los psiquiatras suizos Eugen Bleuler y Carl Jung, además del húngaro Sándor Ferenczi, que se unió al grupo en 1908.

  • Reconocimiento internacional

En 1923 se le detectó un cáncer en la mandíbula que precisó de un tratamiento constante y doloroso, por el que tuvo que someterse a varias operaciones quirúrgicas. A pesar de estos sufrimientos, continuó su actividad durante los dieciséis años siguientes, escribiendo principalmente sobre asuntos filosóficos o culturales. Cuando los nazis ocuparon Austria, en 1938, Freud se trasladó con su familia a Londres, donde falleció el 23 de septiembre de 1939.

La principal contribución de Freud fue la creación de un enfoque radicalmente nuevo en la comprensión de la personalidad humana, al demostrar la existencia y poder de lo inconsciente. Además, fundó una nueva disciplina médica y formuló procedimientos terapéuticos básicos que, más o menos modificados aún se aplican, en el tratamiento mediante psicoterapia de las neurosis. Aunque nunca conoció en vida un reconocimiento unánime, y ha sido a menudo cuestionado desde entonces, Freud es indudablemente uno de los grandes pensadores del mundo contemporáneo.

Entre otros de sus trabajos habría que destacar Tótem y Tabú (1913), Más allá del principio del placer (1920), Psicología de masas (1920), El yo y el ello (1923), El malestar en la cultura (1930), El porvenir de una ilusión (1927), Introducción al psicoanálisis (1933), y Moisés y el monoteísmo (1939)

  • Teoría psicoanalítica

Las técnicas del psicoanálisis y gran parte de la teoría psicoanalítica basada en su aplicación fueron desarrolladas por el neurólogo austriaco Sigmund Freud. Sus trabajos sobre la estructura y el funcionamiento de la mente humana tuvieron un gran alcance, tanto en el ámbito científico como en el de la práctica clínica.

Freud, Psicoanálisis, psicoanalista y psicologa.

Psicoanalista y psicologa madrid

Psicoanalista y psicologa madrid

 

El creador del psicoanálisis fue Sigmund Freud (1856/1939), médico neurólogo que nació en Moravia, región que hoy forma parte de la República Checa y que en esa época pertenecía al imperio austríaco de la dinastía Habsburgo. Fue un científico muy discutido y uno de los hombres que ejerció mayor influencia en las generaciones posteriores.

El hallazgo y desarrollo de la teoría psicoanalítica fue consecuencia de investigaciones que lo llevaron al descubrimiento del funcionamiento del sistema inconciente.

Sus comienzos trancurrieron en torno de la hipnosis, un método en el que la sugestión era la técnica privilegiada. De esta modalidad de abordaje se apartó gradualmente en función del estudio de los síntomas, descubriendo que son formaciones complejas donde una idea se enlaza con otra y otras; con la intervención del afecto, que generalmente queda separado de la idea y genera angustia. El propio sujeto se siente ajeno y vivencia a los mismos con sensación de exterioridad; por eso fue desarrollando una técnica que implica el reconocimiento de los mismos y la participación activa de ambos integrantes: terapeuta y paciente, para su develamiento.

Comprendió a la din

ámica psíquica como el enfrentamiento de fuerzas de sentido contrario, que transcurren en la mente de manera inconciente. El cho

que de deseos ‘no deseados’ (en el sentido de ‘rechazables’), promueve a la formación de mecanismos de defensa contra esos impulsos. Cuando el sujeto fracasa en ese combate, advienen las neurosis como consecuencia.

La noción de inconciente fue desarrollada desde “Estudios sobre la Histeria” (1895), y

describió las 2 teorías del aparato psíquico.

La primera, que comprende las instancias de: conciente, preconciente e inconciente; y comienza con este desarrollo teórico en “La interpretación de los sueños” (1900).

La segunda teoría, que contiene a las instancias de: yo, superyo y ello. La última contiene la anterior. Estos conceptos tienen amplia significación; lo más expresivo tiene que ver con la formación de síntomas.

Jerarquizó la palabra hablada (la escucha) de los pacientes; el despliegue de un particular desarrollo de afecto hacia el terapeuta, a lo que denominó transferencia; y en la propia persona del terapeuta, a lo que denominó contratransferencia (también conocido con el nombre de tranferencia recíproca); la frecuencia de la aparición de relatos conteniendo sueños le permitió descubrir el valor instrumental de los mismos para el trabajo técnico.

En esta conceptualización, el trabajo de “hacer consciente lo inconsciente” se lleva a cabo con laasociación libre (por parte del paciente), como método terapéutico; y es comparable con una labor de un artesano, ya que implica minuciosa dedicación y tolerancia a la espera, para aislar al conflicto y operar sobre el mismo.

El terapeuta emplea la interpretación analítica para acceder a nuevos significados.

Con el estudio de las neurosis, Freud dio cuenta de otros hallazgos: la existencia de la sexualidad infantil, delcomplejo de Edipo y de las fantasías inconscientes.

Otros desarrollos teóricos fueron los conceptos de: a) proceso primario y proceso secundario; b)representación; c) objeto; d) pulsión y e) pasaje al acto sin intervención de la palabra y/o pensamiento, más conocido como acto fallido.

Desde alli se orientó para formular nuevas hipótesis que lo condujeron a la teoría del narcisismo, como otro intento de comprensión del aparato psiquico. Estos conceptos se encuentran en ‘Introducción al narcisismo’ (1914), y ésta circunstancia lo llevó a revisar sus criterios sobre el aparato y el funcionamiento mental; y es en ‘Mas allá del principio del placer’ (1920), donde hace una revisión sustancial a sus contribuciones, a partir de los conceptos sobre pulsión de vida- Eros y pulsión de muerte-Tánatos, articulándolos con ‘El problema económico del masoquismo’ (1924)’; donde aborda las nociones de masoquismo y sadismo (entre otras).

Su obra está tratada con rigor metodológico y científico, que llevó a Freud a lo largo de más de cuarenta años de desarrollos, a sucesivas modificaciones respecto de sus principales hipótesis sobre el aparato mental y la influencia sobre el sujeto.

Arteterapia ( Psicologa Madrid )

En el siglo XX la arteterapia se institucionaliza como profesión, tomando como referencia dos escuelas de pensamiento: el Psicoanálisis y la Educación Artística. Hacia los años 40 comienza a practicarse basándose en el resultado terapéutico de la actividad creadora. Se considera que los padres de la Arteterapia son Jung, Freud y Steiner. Son relevantes las aportaciones de Winnicott, Kramer y M. Klein. Cobra especial relevancia el abordaje humanista de la terapia Gestalt de Perls, donde trabaja des de lo que sucede “aqui y ahora” el estar presente. El Arte-terapia consiste en el uso de diferentes disciplinas artísticas con fines terapéuticos. Continue reading

El psicoanalisis infantil y la clinica.

En esta obra magistral Ana Freud, plantea y amplia los conocimientos legados por su padre Sigmund Freud. Se trata de un libro que pone de manifiesto primero la historia de cómo tratar y comprender a los niños a través de la materia psicoanalítica. Continue reading