Motivar a un adolescente apático. Psicoanalista y la apatía.

Motivar a un adolescente apático. Psicoanalista y la apatía.

La adolescencia puede ser un periodo complicado y difícil tanto para los progenitores como para los propios adolescente, estos pueden tener aptitudes de rebeldía y con actitudes desafiantes mientras en contra punto hay adolescentes que sufren estos cambios de forma apática y con decaimiento. Tanto un síntoma como el otro viene por este proceso de la misma lucha este camino entre la niñez y la madurez. En cualquiera de los casos la paciencia y en buen humor puede ser de gran ayuda para que nuestros futuros adultos pasen esa etapa de la forma mas fácil y que puede salir de esa apatía o depresión. Continue reading

Luchar contra la ansiedad, las reglas del psicoanalista.

Psicoanalista y luchar contra la ansiedad
El estado de ansiedad es una inquietud y malestar que no se representa de forma concreta y que muchas veces las personas que lo sufren no pueden explicar exactamente porque les esta pasando. En las terapias del psicoanalista nos encontramos con que se habla de la ansiedad como un temor que sufrimos y que en muchas ocasiones es un conflicto emocional interno de las personas. Así que en este sentido podemos decir que aunque los temores que pueden causar la ansiedad son conocidos por el paciente, en muchas ocasiones la ansiedad viene producida por causas ajenas a la persona que las padece.

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Psicoanalista y las personalidades solitarias.

Las personalidades solitarias.

El psicoanalista y las personalidades solitarias.

Este tipo de personalidades solitarias suelen ser personas sin necesidad de estar con otras personas y no les dan ninguna importancia su vida social. Se sienten felices y a gusto en soledad y suelen ser personas estables y serenas. De gran autonomía no necesitan a nadie para conseguir sus objetivos, disfrutan la vida en soledad y no buscan la compañía de otras personas para estar contentas y felices. No son muy sentimentales y no les afectan ni las criticas ni los halagos.Sus ansias de soledad no se reflejan en tener dificultades en incentivar su vida social sino que se sienten a gusto con ellos mismos y muchas veces prefieren estar solos que acompañados. Esto hace que en ocasiones les sea difícil tener relaciones sentimentales y tener pareja. Suelen ser observadores y estudiosos del medio en el que viven, siendo objetivos y pragmáticos sin dejar que los sentimientos dominen sus decisiones. Necesitan mucho tiempo para sí mismos y sienten escaso interés por las personas.

Cuando estas personas tienen un carácter muy marcado y afilado pueden ser personas que se aíslan de la vida social y pueden llegar a trastornos esquizoide de la personalidad.

El psicoanálisis y La Escuela Por una escuela coeducativa

Psiconalista y la escuela coeducativa

La escuela que queremos es no solo mixta, sino también coeducativa. El psicoanálisis propugna una escuela mixta, donde niñas y niños comparten un mismo espacio; pisan un mismo suelo. Nada más, quizás.

Una escuela coeducativa se interroga además por los modelos patriarcales heredados e indaga en qué medida estos están aún presentes en el currículo, en las maneras de estar en aulas y patios, en el mundo exterior.

Una escuela coeducativa visibiliza a las mujeres en la historia, subraya sus ausencias en la tradición cultural transmitida y se interroga qué hay detrás de estos ocultamientos. Una escuela coeducativa indaga en el largo camino de las mujeres  hacia la igualdad y señala todas aquellas esferas en que esta queda aún lejos de alcanzarse.

Desde el psicoanálisis, una escuela coeducativa se pregunta por qué el “fracaso escolar” es mayoritariamente masculino. Por qué las conductas de riesgo también lo son. El psicoanálisis y la escuela coeducativa trabajan también a favor de los chicos proponiendo otros modelos masculinos más allá de la masculinidad hegemónica construida sobre la agresividad y el acallamiento del dolor y los cuidados, la ternura y los afectos.

Una escuela coeducativa favorece que niñas y niños trabajen juntos, jueguen juntos, construyan el mundo desde la cooperación, y no desde la confrontación o el desconocimiento recíproco.

La escuela que queremos educa en el desarrollo de unas relaciones afectivas basadas en la igualdad y el respeto. Sin sumisiones. Sin abusos. Sin violencias.

 

El psicoanalista y las personalidades desconfiadas.

El psicoanálisis y la desconfianza.

 Psicoanalista y la personalidad desconfiada

El psicoanálisis define a las personas con un alto grado de alerta y demasiada precavida con los demás como personas desconfiadas. Como la misma palabra dice son personas que les cuesten fácilmente confiar en nadie ni en nada, esto les hace ser personas muy independientes y que les guste decidir pos si mismos ya que no se fían en las decisiones que los demás puedan tomar por ellos y no confían en el criterio de las personas que les rodean. Estas personas no se abren a los demás ni a nadie externo a su confianza, pero no por temer que no les guste como en personalidades de corte sensible, sino que no pueden fiarse de nadie sino es de su pequeño circulo de confianza. Son personas con gran capacidad de percepción  y capces de captar hasta el mínimo detalle y sutilezas, son muy centrados y pueden detectar desde la mas mínima variación del tono de voz, el nerviosismo de las otras personas o incluso que les muevan cosas de lado. Son personas con gran sensibilidad a las criticas que les hacen los demás y cuando se sienten amenazados no dudan en defenderse. Son personas de gran fidelidad y le dan mucho valor a la fidelidad de los demás.

Los psicoanalistas detectan los casos mas marcados y arraigados con personas que pueden pensar sin razón lógica que las demás personas les están traicionando y que les quieren hacer daño, pueden llegar a ser celosos y rencorosos y pueden llegar a ver dobles sentidos en comentarios que no tienen ningún tipo de ataque o mensaje oculto. Si el caso es muy drástico pueden llegar a causar trastornos paranoides de la personalidad e incluso pensar que todo el mundo les quieren atacar.

El psicoanalista y las personalidades sacrificadas.

El psicoanálisis y el sacrificio.

 Psicoanálisis y el sacrificio

En el psicoanálisis definimos a las personas altruistas y generosas que dan sin esperar nada a cambio y siempre están dispuestas en ofrecer su ayuda a cualquier persona que este en apuros, sin que importe quien sea el que necesita ayuda o que tipo de ayuda sea necesaria ofrecer, este tipo de personalidades se definen por los psicoanalistas como personalidades del sacrificio. Las personas con este tipo de carácter y personalidad no son para nada competitivas ni ambiciosas y la gran mayoría de las veces anteponen los deseos y las prioridades de los demás a las suyas propias. Buscan la felicidad del prójimo y no le dan importancia a los deseos propios ni a su propia felicidad, ya que son felices haciendo mas fácil la vida de los demás.

Las personas con este tipo de personalidad son personas con valores y muy consideradas y amables. De gran valor ético y de las que se puede confiar sin miedo a ser decepcionado. Además son tolerantes y toleran los fallos y los defectos de los demás, soportan las incomodidades y los dolores sin mucha queja e inconformidad. Los psicoanalistas los  suelen ver como personas ingenuas e inocentes y no esperan que nadie sea malos con ellos como no suelen ser ellos malos con nadie. Se sienten avergonzados con los elogios y suelen creer no merecer esos elogios.

En casos en los que la personalidades del sacrificio son muy agudas y marcadas se puede dar una conducta autodestructiva y son personas que pueden llegar a destruir su propia felicidad y éxito al no creerse merecedores de tal felicidad o bienestar. En muchos casos son personas que no aceptan el amor correspondido y les pueden generar problemas en la pareja o en las relaciones, terminando con personas de gran ego y que solo piensan en ellas mismas. Son personalidades que pueden terminar siendo autoderrotistas.

Psicoanalista y la personalidad idiosincrásica.

Psicoanálisis  idiosincrásia.

 Psicoanalista y la pesonalidad idiosincrasica

Los psicoanalistas definen a las personas con una personalidad espiritual, mística, soñadoras y con una personalidad en busca de un desarrollo personal son denominadas como personas con personalidad idiosincrásica. Son personas con un carácter excéntrico y suelen ser personas muy originales e imaginativas.  Les interesan temáticas ocultas y sobrenaturales y no suelen sentirse cómodos con los convencionalismos ni las ideas absolutas para todo. Son personas con rutinas y estilo de vida diferentes a lo normal o habitual por las otras personas. Este tipo de personalidades son bastantes introspectivas, creativas e imaginativas y suelen tener una mente abierta a cosas nuevas. Son personas con una gran independencia que viven la vida de una forma individual y ven el mundo de un modo propio y  no se dejan llevar por hábitos culturales o prescritos. Les interesan y  les llama la atención explorar nuevas ideas y  se hacen preguntas sobre todo lo que les rodean en sus vidas.

En el psicoanálisis  se refleja esta individualidad en la forma de pensar y de ver el mundo y son personas que construyen sus propias decisiones y análisis de la vida.

Cuando los rasgos idiosincrásicos son muy marcados pueden producir problemas en las personas que tienen este tipo de personalidad por no ser fácilmente aceptados por lo demás y a veces no pueden funcionar en ambientes tradicionales. También pueden ser personas con ciertas dudas acerca de lo que es cierto o no y suelen construir su propia realidad. No tienen del todo claro lo que es posible y o que no es posible.

Psicoanalista y la personalidad agresiva.

 Psicoanálisis agresividad.

 Psicoanalista y la agresividad

En psicoanálisis las personalidades son muy importantes para entender la forma de ver que tenemos de nuestros problemas y como nos enfrentamos a ellos.

El psicoanalista debe de analizar la personalidad de los pacientes, si tenemos una personalidad fuerte, enérgica, competitiva, autoritaria, podemos afirmar que tenemos una personalidad agresiva y el psicoanalista debe de tenerlo muy en cuenta.

A las personas con un carácter agresivo les gusta mandar y tener el poder de las situaciones. Se sienten cómodos en estructuras piramidales de poder, donde esta clara la situación de status, donde hay jefes y subordinados. Son personas con un alto grado de disciplina y exigen a los demás esa misma intensidad de disciplina. Pueden llegar a ser personas con una personalidad tan fuerte y que exijan a sus allegados ese nivel de disciplina que pueden ser muy autoritarios con sus cercanos y familiares. Son pragmáticos y prácticos y se suelen tener sus objetivos muy claros y marcados. Son personas que afrontan los problemas y no se retraen ante conflictos, esto les hace ser personas de acción y aventureros. No tienen miedo en asumir responsabilidades y en tomar decisiones complejas y difíciles aunque estas decisiones no sean de su total agrado. Son personalidades que buscan la victoria y les gusta ganar, esto hace que incluso en el trabajo sean personas muy competitivas y quieran controlar y tener el poder.

Si estos rasgos son muy afilados y no dominan estos caracteres pueden llegar a tener predominancia a la dominación e incluso llegar a tener acciones de humillación e intimidación, llegando a emplear la violencia física o cohibir las libertades de las personas con las que mantienen una relación.

Neurosis de Destino, Superyo y sentimientos de culpa. Psicoanalistas Madrid.

Neurosis de Destino
 psicologos madrid en Arturo Soria
Superyo y Sentimientos de Culpa
¿Estamos determinados a un destino que contradice nuestro deseo y arrastra nuestra vida al fracaso? ¿Podemos descubrir esa neurosis de destino y escapar de ella? En Más allá del principio del placer Freud menciona un destino que persigue a las personas y está determinado por tempranas influencias infantiles. En la práctica detectamos sometimientos a significantes amo que constituyen órdenes de las que no son conscientes y que los determinan a cumplir con objetivos que no responden a su deseo, sino a mandatos, a los que, se ven impelidos como el de quedar disponibles para cuidar a los padres cuando sean mayores. Para ello el hijo o hija no deben establecer constituir familia, ni tener hijos. Otras pueden ser estudiar una carrera no deseada, no estudiar, trabajar con los padres, entregarse a determinadas causas, enfermar, colocarse en el lugar de la víctima, etc. Lacan, en El Seminario sobre la Carta Robada, pone el acento del destino para el que uno puede estar determinado por los discursos recibidos. Ese destino que contradice nuestro deseo y arrastra nuestra vida al fracaso está ligado al superyo y a los sentimientos de culpa inconscientes. Lacan nos ha enseñado que de la única cosa de la que se puede ser culpable es de haber cedido en su deseo.

Psicoanalista, La psique y sus operaciones

El aparato psíquico 

Psicologa y Psique en Madrid

El psicoanálisis establece una premisa fundamental cuyo examen queda reservado al pensar filosófico y cuya justificación reside en sus resultados. De lo que llamamos nuestra psique (vida anímica), nos son consabidos dos términos: en primer lugar, el órgano corporal y escenario de ella’ el encéfalo (sistema nervioso) y, por otra parte, nuestros actos de conciencia, que son dados inmediatamente y que ninguna descripción nos podría trasmitir. No nos es consabido, en cambio, lo que haya en medio; no nos es dada una referencia directa entre ambos puntos terminales de nuestro saber. Si ella existiera, a lo sumo brindaría una localización precisa de los procesos de conciencia, sin contribuir en nada a su inteligencia. Nuestros dos supuestos se articulan con estos dos cabos o comienzos de nuestro saber. El primer supuesto atañe a la localización(3). Suponemos que la vida anímica es la función de un aparato al que atribuimos ser extenso en el espacio y estar compuesto por varias piezas; nos lo representamos, pues, semejante a un telescopio, un microscopio, o algo así. Si dejamos de lado cierta aproximación ya ensayada, el despliegue consecuente de esa representación es una novedad científica. Hemos llegado a tomar noticia de este aparato psíquico por el estudio del desarrollo individual del ser humano. Llamamos ello a la más antigua de estas provincias o instancias psíquicas: su contenido es todo lo heredado, lo que se trae con el nacimiento, lo establecido constitucionalmente; en especial, entonces, las pulsiones que provienen de la organización corporal, que aquí [en el ello] encuentran una primera expresión psíquica, cuyas formas son desconocidas {no consabidas} para nosotros (ver nota(4)). Bajo el influjo del mundo exterior real-objetivo que nos circunda, una parte del ello ha experimentado un desarrollo particular; originaría m en te un estrato cortical dotado de los órganos para la recepción de estímulos y de los dispositivos para la protección frente a estos, se ha establecido una organización particular que en lo sucesivo media entre el ello y el mundo exterior. A este distrito de nuestra vida anímica le damos el nombre de yo. Los caracteres principales del yo. A consecuencia del vínculo preformado entre percepción sensorial y acción muscular, el yo dispone respecto de los movimientos voluntarios. Tiene la tarea de la autoconservación, y la cumple tomando hacia afuera noticia de los estímulos, almacenando experiencias sobre ellos (en la memoria), evitando estímulos hiperintensos (mediante la huida), enfrentando estímulos moderados (mediante la adaptación) y, por fin, aprendiendo a alterar el mundo exterior de una manera acorde a fines para su ventaja (actividad); y hacia adentro, hacia el ello, ganando imperio sobre las exigencias pulsionales, decidiendo si debe consentírseles la satisfacción, desplazando esta última a los tiempos y circunstancias favorables en el mundo exterior, o sofocando totalmente sus excitaciones. En su actividad es guiado por las noticias de las tensiones de estímulo presentes o registradas dentro de él: su elevación es sentida en general como un displacer, y su rebajamiento, como placer. No obstante, es probable que lo sentido como placer y displacer no sean las alturas absolutas de esta tensión de estímulo, sino algo en el ritmo de su alteración. El yo aspira al placer, quiere evitar el displacer. Un acrecentamiento esperado, previsto, de displacer es respondido con la señal de angustia; y su ocasión, amenace ella desde afuera o desde adentro, se llama peligro. De tiempo en tiempo, el yo desata su conexión con el mundo exterior y se retira al estado del dormir, en el cual altera considerablemente su organización. Y del estado del dormir cabe inferir que esa organización consiste en una particular distribución de la energía anímica. Como precipitado del largo período de infancia durante el cual el ser humano en crecimiento  vive en dependencia de sus padres, se forma dentro del yo una particular instancia en la que  se prolonga el influjo de estos. Ha recibido el nombre de superyó. En la medida en que este superyó se separa del yo o se contrapone a él, es un tercer poder que el yo se ve precisado a tomar en cuenta. Así las cosas, una acción del yo es correcta cuando cumple al mismo tiempo los requerimientos del ello, del superyó y de la realidad objetiva, vale decir, cuando sabe reconciliar entre sí sus exigencias. Los detalles del vínculo entre yo y superyó se vuelven por completo inteligibles reconduciéndolos a la relación del niño con sus progenitores. Naturalmente, en el influjo de los progenitores no sólo es eficiente la índole personal de estos, sino también el influjo, por ellos propagado, de la tradición de la familia, la raza y el pueblo, así como los requerimientos del medio social respectivo, que ellos subrogan. De igual modo, en el curso del desarrollo individual el superyó recoge aportes de posteriores continuadores y personas sustitutivas de los progenitores, como pedagogos, arquetipos públicos, ideales venerados en la sociedad. Se ve que ello y superyó, a pesar de su diversidad fundamental, muestran una coincidencia en cuanto representan {repräsentieren} los influjos del pasado: el ello, los del pasado heredado; el superyó, en lo esencial, los del pasado asumido por otros. En tanto, el yo está comandado principalmente por lo que uno mismo ha vivenciado, vale decir, lo accidental y actual. Este esquema general del aparato psíquico habrá de considerarse válido también para los animales superiores, semejantes al hombre en lo anímico. Cabe suponer un superyó siempre que exista un período prolongado de dependencia infantil, como en el ser humano. Y es inevitable suponer una separación de yo y ello. La psicología animal no ha abordado todavía la interesante tarea que esto le plantea.